El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema
El Foro Latino
Retroceder   El Foro Latino > APRENDIZAJE > Psicología
Recuperar Contraseña | Registrate!

El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema

El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema Yo Fuente(2) s.m. (fr. moi; ingl. ego; al. Ich). Según Freud, sede de la conciencia y también lugar demanifestaciones inconcientes. El yo, elaborado por Freud en su segunda tópica (yo, ello ysuperyó), es una diferenciación del ello; es la instancia del registro ...(continúa debajo en el tema)


Búsquedas:

formas de tratar un mismo tema en distintas fuentes

forma de tratar un mismo tema en distintas fuentes

como tratar un mismo tema en distintas fuentesFormas de tratar un tema en distintas fuentescomo tratar un tema de diversas fuentesformas de tratar un mismo tema en distintas fuentes yahoo2 fuentes de un mismo temaformas de tratar un mismo tema en diferentes fuentescuales son las formas de tratar un mismo tema en distintas fuentesformas de tratar un mismo tema de distintas fuentestratar un mismo tema en distintas fuentescomo tratar de diferentes formas un mismo tema

Crear Nuevo Tema  Respuesta
 
Herramientas
Antiguo 31-Oct-2008, 16:06   #1
Forero Senior
 
Avatar de Psico
 
Ingreso: 12-April-2008
Mensajes: 261
Psico está en el buen camino
Predeterminado El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema

El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema





Yo

Fuente(2)

s.m. (fr. moi; ingl. ego; al. Ich).

Según Freud, sede de la conciencia y también lugar demanifestaciones inconcientes. El yo, elaborado por Freud en su segunda tópica (yo, ello ysuperyó), es una diferenciación del ello; es la instancia del registro imaginario por excelencia,por lo tanto de las identificaciones y del narcisismo.Hablar del yo en la teoría freudiana equivale a trazar la historia de la técnica analítica, con susvacilaciones, sus impasses, sus descubrimientos. Parecería que, antes de 1920, lainterpretación, tal como la practicaba Freud con sus histéricas, daba resultados satisfactorios.Para intentar explicar los fenómenos psíquicos, Freud elabora por entonces lo que llama laprimera tópica: el inconciente, el preconciente, el conciente, con los dos principios que rigen lavida psíquica: el principio de placer y el principio de realidad. Pero este recorte se revelaráinoperante para explicar el fenómeno que Freud descubre a propósito de las neurosistraumáticas: la compulsión de repetición, que aborda en Más allá del principio de placer (1920).Este es un texto que hace de bisagra porque después de él Freud elabora la segunda tópica: elello, el yo y el superyó, al que también llamará ideal del yo.Este nuevo recorte no recubre al primero: el yo engloba lo conciente y lo preconciente, y tambiénuna parte inconciente. Allí Freud está bien lejos de la teoría clásica del yo de los filósofos, por-que si el hombre ha deseado siempre ser sujeto del conocimiento y lugar de la totalización de unsaber, el descubrimiento freudiano hará que todas las certidumbres se batan en retirada, almostrar con el inconciente la paradoja de un sujeto constituido por algo que no puede saber yliteralmente excéntrico respecto de su yo.Génesis del Yo. Freud describe al yo como una parte del ello que se habría diferenciado bajo lainfluencia del mundo exterior. ¿Cuáles son los mecanismos intervinientes en este proceso?En el ello reina el principio de placer. Pero el ser humano es un animal sociable y, si quiere vivircon sus congéneres, no puede instalarse en este principio de placer, que tiende a la menortensión, así como le es imposible dejar que las pulsiones se expresen en estado puro. El mundoexterior, en efecto, impone al niño pequeño prohibiciones que provocan la represión y latrasformación de las pulsiones orientándolas a una satisfacción sustitutiva que provocará a suvez un sentimiento de displacer en el yo. El principio de realidad ha relevado al principio deplacer. El yo se presenta como una especie de tapón entre los conflictos y escisiones delaparato psíquico, así como trata de desempeñar el papel de una especie de para-excitacionesfrente a las agresiones del mundo exterior.A partir de J. Lacan, se puede agregar que sólo porque el ser humano es un ser hablante seinstaura la represión y, con ella, la división del sujeto. La barra que viene así a golpearlo [frapper:también «impresionar», «marcar»] le prohibe [inter-dice] el acceso a la verdad de su deseo. Descripción del aparato psíquico, o tópica freudiana. En su artículo El yo y el ello (1923), Freudescribe: «Un individuo por lo tanto es, para nosotros, un ello psíquico incógnito e inconciente, encuya superficie está ubicado el yo, que se ha desarrollado a partir del sistema preconcientecomo su núcleo (...) el yo no envuelve por completo al ello sino sólo en los límites en los que elpreconciente forma su superficie, un poco como el disco germinativo se asienta sobre el huevo.El yo no está netamente separado del ello, se fusiona con él en su parte inferior».Freud agrega que el yo tiene un «casquete acústico», por lo que la importancia de las palabrasno reside simplemente en el nivel de la significación, sino en el nivel de los «restos mnémicos dela palabra oída». Ya se encuentra aquí, en germen, lo que la lingüística desarrollará más tardecon la relación significante- significado que Lacan aplicará al psicoanálisis.Freud insiste en otro aspecto esencial del yo: es ante todo un yo-cuerpo: «puede serconsiderado como una proyección mental de la superficie del cuerpo y representa la superficiedel aparato mental».Es interesante notar que el único acceso que el hombre tiene a su cuerpo pasa por el yo. Estaaserción se revelará particularmente pertinente cuando Lacan desarrolle los aspectos deespejismo y engaño del yo. Esto podría explicar el poco acceso a la realidad de su cuerpo quemanifiesta el ser humano. Siempre es sorprendente oír a alguien hablar de la manera en que «seve».¿Cuáles son las funciones del Yo? El yo es descrito por Freud como una instancia móvil enperpetua reelaboración, pero también lo describe como pasivo y accionado por fuerzas que noes posible dominar, haciéndose víctima del ello.Las funciones del yo son múltiples:es capaz de operar una represión;es la sede de las resistencias;trata de manejar la relación «principio de placer» - «principio de realidad»;participa en la censura, ayudado en esto por el superyó, que sólo es una diferenciación del ello.En El yo y el ello, igualmente, Freud escribe: «La percepción desempeña para el yo el papel queen el ello recae en la pulsión. El yo representa lo que se puede llamar razón y buen sentido, enoposición al ello, que tiene por contenido las pasiones»;es capaz de construir medios de protección; verdadero lugar de pasaje de la libido, parece conducir los investimientos de objeto hacia laidealización, y los desinvestimientos de objeto, hacia el retorno de la libido al yo, llamadaentonces libido narcisista,toda sublimación se produce por intermedio del yo, que trasforma la libido de objeto sexual enlibido narcisista;es la sede de las identificaciones imaginarias.La identificación y el Yo. La identificación es un mecanismo que tiende a volver al propio yoparecido al otro que se ha tomado como modelo. «El yo copia [a la persona amada u odiada]»,escribe Freud en el capítulo «La identificación» [de Psicología de las masas y análisis del yo(1921)]. Lacan, con el estadio del espejo (Escritos, 1966), muestra que el niño pequeño anticipaimaginariamente la forma total de su cuerpo por medio de una identificación, estableciendo así elprimer esbozo del yo, tronco de las identificaciones secundarias. Pero, en ese momentoesencial, hay que subrayar que el niño es sostenido por una madre cuya mirada lo mira. Allíreside todo el campo de la narcisización como fundadora de la imagen del cuerpo del niño y desu estatuto narcisista a partir de lo que es primero el amor de la madre y el orden de la miradadirigida al niño. Pero, al mismo tiempo que reconoce su imagen en el espejo, el niño la ve y lacapta ante todo como la de otro. «El yo es el otro» [paráfrasis de una frase de Rimbaud citadapor Lacan l. Su ilustración es el fenómeno del transitivismo.Paralelamen te al reconocimiento de sí mismo en el espejo, se observa en el pequeño puesto enpresencia de otro niño, cercano en edad, un comportamiento particular: lo observa concuriosidad, lo imita, intenta seducirlo o agredirlo. El niño que ve caer a otro llora, el que pega dicehaber sido golpeado. Más que una mentira infantil se reconoce aquí al yo, instancia de loimaginario en el sentido de la imagen, al yo de la relación dual, de la confusión entre sí mismo y elotro, puesto que el sujeto se vive y se registra ante todo en el otro.Se puede decir entonces que el yo es la imagen del espejo en su estructura invertida. El sujetose confunde con esta imagen que lo «forma» y lo aliena primordialmente.El yo conservará de este origen el gusto por el espectáculo, por la seducción, por la parada,pero el gusto también por las pulsiones sadomasoquistas y escoptofílicas (o voyeuristas),destructoras del otro en su esencia: «Yo o el otro». Se trata de la agresividad constitutiva delser humano, que debe ganar su lugar por sobre el otro e imponérsele bajo pena de ser a su vezaniquilado.Lacan, como Freud, pondrá el acento en la multiplicidad de las identificaciones y, por lo tanto, delos yoes. El yo está formado por la serie de las identificaciones que han representado para elsujeto una referencia esencial en cada momento histórico de su vida. Pero Lacan insistirá másen el aspecto de engaño, de apariencia, de flusión que reviste al yo de una «ex-centricidad» radical respecto del sujeto, comparando al yo con una superposición de las diferentes capastomadas de lo que llama «el baratillo de su tienda de accesorios».¿Qué sucede en esta perspectiva con la conciencia? El hombre puede decir: «yo soy el quesabe que soy», pero no sabe quién es «Yo» [aquí «je», forma vacía del pronombre personal,distinta del «moi»]. La conciencia en el hombre es una especie de tensión entre el yo [moi]lalienado del sujeto y una percepción que fundamentalmente se le escapa. Como toda percepciónpasa por el filtro del fantasma, toda percepción objetiva es imposible.El Yo y el objeto. El establecimiento del objeto depende del yo, es su correlato. La libido narcisistaque reside en el yo se extiende hacia el objeto, pero también el yo se puede tomar a sí mismocomo objeto. Las características del yo resultan de la sedimentación de los investimientos deobjeto abandonados que se inscriben en la historia de sus elecciones de objeto. En el caso de lamelancolía, hay introyección del objeto perdido. Los amargos reproches que el melancólico sedirige conciernen en realidad al objeto que ha tomado el lugar de una parte del yo. De este modo,el yo es partido, cortado en dos, y una parte se encona con la otra.Pero este sentimiento de duplicidad del yo no siempre es patológico; podemos reconoceroperante aquí la instancia del superyó, diferenciada del yo. En lo cotidiano, esto se manifiesta enla autoobservación, la conciencia moral, la censura onírica, y en su participación en la represión.Produce así la sensación de ser vigilado por una parte de sí mismo, lo que da al yo suscaracterísticas paranoides. En la identificación, cuando el yo adopta los rasgos del objeto, seimpone, por así decirlo, al ello como objeto de amor. Se puede entonces decir que el yo seenriquece con las cualidades del objeto, mientras que en el enamoramiento se empobrece. Todopasa como si la libido narcisista se hubiera vaciado en el objeto.La elección de objeto es siempre una elección de objeto narcisista, se ama lo que se quisieraser. Lacan, releyendo a Freud, introduce un elemento suplementario: en el plano imaginario, elobjeto siempre se le presenta al hombre como un espejismo inasible. Por eso toda relación objetalestará siempre marcada por una incertidumbre fundamental.El Yo y el sueño. Una de las emergencias del yo en el sueño es por supuesto la necesidadmanifiesta de dormir, ¡o más bien de no despertarse! Pero se podría decir que también en la vidadiurna no es cosa de despertarse y que de eso se trata en el «no quiero saber nada» que cadacual ostenta, conformándose con creer que su ver -dad está en la instancia vigil del yo.Por otra parte, en el sueño, toda tentativa de expresión del sujeto del inconciente estásabiamente disfrazada. Quizás sea en este nivel donde el juego de las escondidas con el yo esmás fuerte.También en el nivel del yo aparece la función del ensueño. Es la satisfacción imaginaria, ilusoria,del deseo. A través de ese sesgo, por otra parte, se puede registrar la existencia de una actividad fantasmática inconciente.El Yo y el instinto de muerte. Con la compulsión a la repetición, Freud entrevé que más allá del«principio de placer» existe lo que llama instinto de muerte. [Todestrteb o Todestriebe: pulsión opulsiones de muerte.] En un primer momento, hace una distinción tajante entre pulsiones delyo-pulsiones de muerte, y pulsiones sexuales-pulsiones de vida, para llegar luego a la oposiciónpulsiones de vida-pulsiones de muerte. El yo está ligado a la hiancia primaria del sujeto, como lomuestra el estadio del espejo, y en esto es el más cercano a la muerte, como lo sugiere por otraparte el mito de Narciso. En el caso de la neurosis obsesiva, se puede registrar la incidenciamortal del yo llevada a su punto extremo. Con Lacan, se puede decir que «el yo es un otro». Elobsesivo, justamente, es siempre un otro. Diga lo que diga, siempre se expresa haciendo hablara algún otro. En el Seminario II, «El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica»(1954-55), Lacan escribe: «En la medida en que evita su propio deseo, a todo deseo en el quese comprometa aun aparentemente lo presentará como el deseo de ese otro sí-mismo que es suyo (...) Hay que hacerle comprender cuál es la función de esta relación mortal que mantieneconsigo mismo y que lo lleva, desde que un sentimiento es propio de él, a empezar por anularlo».El estudio del yo ha ocupado un lugar central en el trabajo de investigación que los sucesores deFreud han podido realizar. La psicología del yo llegará a confundir al sujeto y al yo, conduciendoel trabajo analítico esencialmente sobre el análisis del yo y apuntando a una identificación con el«yo fuerte» del analista, redoblando así el engaño y el desconocimiento del deseo, y buscandosólo la adaptación. Lacan responde a esto con una sola frase: «La intuición del yo, en tanto estácentrada en una experiencia de la conciencia, conserva un carácter cautivante del que hay quedesprenderse para acceder a nuestra concepción del sujeto. Trato de apartarlos de suatracción a fin de permitirles captar finalmente dónde está para Freud la realidad del sujeto. En elinconciente excluido del sistema del yo, el sujeto habla» (J. Lacan, Seminario II). El analista, porlo tanto, no tiene otro instrumento de trabajo que el lenguaje, y su mira sólo puede ser el discursoinconciente del sujeto, discurso que corre por debajo del discurso corriente conciente.


Temas Similares
Psico está desconectado  
Antiguo 31-Oct-2008, 16:08   #2
Forero Senior
 
Avatar de Psico
 
Ingreso: 12-April-2008
Mensajes: 261
Psico está en el buen camino
Predeterminado Segunda Fuente...

Yo

Fuentes:

- (1) Diccionario de Psicoanálisis

Jean Laplanche
Jean Bertrand Pontalis

bajo la dirección de Daniel Lagache

- (2) Diccionario de Psicoanálisis bajo la dirección de Roland Chemama

- (3) Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis:

El aporte Freudiano

Esta obra fue dirigida por Pierre Kaufmann: (1916-1995), filósofo del psicoanálisis.

- (4) Diccionario de Psicoanálisis.
Elisabeth Roudinesco y Michel Plon

Yo
Al.: lch.
Fr.: moi
Ing.: ego.
It.: io.
Por.: ego.

Fuente(1)

Instancia que Freud distingue del ello y del superyó en su segunda teoría del aparato psíquico.Desde el punto de vista tópico, el yo se encuentra en una relación de dependencia, tantorespecto a las reivindicaciones del ello como a los imperativos del superyó y a las exigencias dela realidad. Aunque se presenta como mediador, encargado de los Intereses de la totalidad de lapersona, su autonomía es puramente relativa.Desde el punto de vista dinámico, el yo representa eminentemente, en el conflicto neurótico, elpolo defensivo de la personalidad; pone en marcha una serie de mecanismos de defensa,motivados por la percepción de un afecto displacentero (señal de angustia).Desde el punto de vista económico, el yo aparece como un factor de ligazón de los procesospsíquicos; pero, en las operaciones defensivas, las tentativas de ligar la energía pulsional secontaminan de los caracteres que definen el proceso primario: adquieren un matiz compulsivo,repetitivo, arreal La teoría psicoanalítica intenta explicar la génesis del yo dentro de dos registros relativamenteheterogéneos , ya sea considerándolo como un aparato adaptativo diferenciado a partir del elloen virtud del contacto con la realidad exterior, ya sea definiéndolo como el resultado deidentificaciones que conducen a la formación, dentro de la persona, de un objeto de amorcatectizado por el ello.En relación con la primera teoría del aparato psíquico, el yo es más extenso que el sistemapreconsciente-consciente, dado que sus operaciones defensivas son en gran parteInconscientes.Desde un punto de vista histórico, el concepto tópico del yo es el resultado de una noción que sehalla constantemente presente en Freud desde los orígenes de su pensamiento.En la medida en que existen en Freud dos teorías tópicas del aparato psíquico, la primera de lascuales hace intervenir los sistemas inconsciente, preconsciente-consciente, y la segunda lastres instancias ello, yo y superyó, es corriente en psicoanálisis admitir que el concepto de yo noadquiere un sentido estrictamente psicoanalítico, técnico, hasta después de lo que se ha llamadola «vuelta» de 1920. Por lo demás, este profundo cambio de la teoría habría correspondido, en lapráctica, a una nueva orientación, dirigida hacia el análisis del yo y de sus mecanismos dedefensa, más que a sacar a luz los contenidos inconscientes. Ciertamente, nadie ignora queFreud hablaba de «yo» (Ich) desde sus primeros escritos, pero generalmente lo haría, según sesostiene, de forma poco especificada, designando entonces este término la personalidad enconjunto. Las concepciones más detalladas en las cuales se atribuyen al yo funciones biendeterminadas dentro del aparato psíquico (por ejemplo, en el Proyecto de psicología científica[Entwurf einer Psychologie, 1895]), se considera que prefiguran de un modo aislado losconceptos de la segunda tópica. De hecho, corno veremos, la historia del pensamiento freudianoes mucho más compleja: por una parte, el estudio del conjunto de textos freudianos no permitelocalizar dos acepciones del yo correspondientes a dos períodos distintos: la noción de yosiempre ha estado presente, aun cuando se haya renovado por aportaciones sucesivas(narcisismo, establecimiento del concepto de identificación, etc.). Por otra parte, la «vuelta» de1920 no puede limitarse a la definición del yo como instancia central de la personalidad: como essabido, implica otras muchas aportaciones esenciales que modifican la estructura de conjunto dela teoría y sólo pueden ser debidamente apreciadas en sus correlaciones. Por último, nocreemos deseable intentar establecer desde un principio una neta distinción entre el yo comopersona y el yo como instancia, puesto que la articulación de estas dos acepciones formaprecisamente el núcleo de la problemática del yo. En Freud este problema se halla implícitamentepresente muy pronto y persiste incluso después de 1920. La ambigüedad terminológica que sepretendería denunciar y eliminar oculta un problema de fondo.Independientemente de las preocupaciones relativas a la historia del pensamiento freudiano,algunos autores, llevados de un deseo de clarificación, han intentado señalar una diferencia conceptual entre el yo como instancia, como subestructura de la personalidad, y el yo en tantoque se presenta como objeto de amor para el propio individuo-el yo del amor propio según LaRochefoucauld, el yo catectizado de libido narcisista según Freud- Así, por ejemplo, Hartmann hapropuesto disipar el equívoco que existiría en el concepto de narcisismo y en un término como elde catexis del yo (Ich-Besetzung, ego-cathexis): «Cuando se utiliza el término narcisismo, amenudo parecen confundirse dos pares antitéticos: el primero se refiere al sí mismo [self], lapropia persona en oposición al objeto; el segundo alude al yo (como sistema psíquico) enoposición a las otras subestructuras de la personalidad. Sin embargo, lo contrario de catexis delobjeto no es catexis del yo [ego-cathexis], sino catexis de la propia persona, es decir, catexisde sí mismo [self-cathexis]; cuando hablamos de catexis de sí mismo, ello no presupone que lacatexis esté situada en el ello, en el yo o en el superyó [...]. Por consiguiente, se aclararían lascosas definiendo el narcisismo como la catexis libidinal, no del yo, sino del sí mismo».A nuestro juicio, esta posición anticipa, en virtud de una distinción meramente conceptual, larespuesta a algunos problemas esenciales. De un modo general, lo que aporta el psicoanálisiscon su concepción del yo corre el peligro de pasar parcialmente ignorado si se yuxtaponesimplemente una acepción del término considerada como específicamente psicoanalítica a otrasacepciones juzgadas tradicionales y, a fortiori, si se intenta desde un principio representardiferentes sentidos por medio de otros tantos vocablos distintos. Freud no solamente encuentray utiliza las acepciones clásicas, oponiendo, por ejemplo, el organismo al ambiente, el sujeto alobjeto, el interior al exterior, sino que utiliza el propio término de Ich a estos distintos niveles, eincluso aprovecha la ambigüedad de este empleo, lo que indica que no excluye de su camponinguna de las significaciones adscritas al término yo (moi et je) (Ich).I. El concepto de yo Freud lo utiliza desde sus primeros trabajos, y resulta interesante ver cómose desprenden de los textos del período 1894-1900 cierto número de temas y de problemas quese volverán a encontrar más tarde.Lo que condujo a Freud a transformar radicalmente la concepción tradicional del yo fue laexperiencia clínica de las neurosis. La psicología y, sobre todo, la psicopatología de lasproximidades de 1880 conducen, en virtud del estudio de las «alteraciones y desdoblamientos dela personalidad», de los «estados segundos», etc., a desmantelar la noción de un yo que es unoy permanente. Es más, un autor como P. Janet pone en evidencia la existencia, en la histeria, deun desdoblamiento simultáneo de la personalidad: tiene lugar la «[...] formación, en el espíritu, dedos grupos de fenómenos: uno que constituye la personalidad ordinaria; el otro, que por lodemás es susceptible de subdividirse, forma una personalidad anormal distinta de la primera ycompletamente ignorada por ella». En este desdoblamiento de la personalidad Janet ve unaconsecuencia del «estrechamiento del campo de la conciencia», de una «debilidad de la síntesispsicológica», que produce en el histérico una «autotomía». «La personalidad no puede percibirtodos los fenómenos, y sacrifica definitivamente algunos de ellos; es una especie de autotomía,y estos fenómenos abandonados se desarrollan aisladamente, sin que el sujeto tenga conocimiento de su actividad». Ya es sabido que la aportación de Freud en la interpretación detales fenómenos consiste en ver en ellos la expresión de un conflicto psíquico: ciertasrepresentaciones son el objeto de una defensa, debido a que son inconciliables (unverträglich)con el yo.En el período 1895-1900 la palabra yo es utilizada a menudo por Freud en diversos contextos.Puede resultar cómodo ver cómo opera esta noción según el registro en que es utilizada: teoríade la cura, modelo del conflicto defensivo, metapsicología del aparato psíquico.1.° En el capítulo de los Estudios sobre la histeria titulado «Psicoterapia de la histeria», Freuddescribe cómo el material patógeno inconsciente, cuyo carácter altamente organizado subraya,sólo puede ser conquistado de un modo paulatino. La conciencia o «conciencia del yo» esconsiderada como un desfiladero que no deja pasar más de un recuerdo patógeno a la vez yque puede ser bloqueado mientras el trabajo elaborativo (Durcharbeitung) no haya vencido lasresistencias: «Uno de los recuerdos que se halla en vías de surgir en la conciencia permaneceallí ante el enfermo hasta que éste lo ha recibido en el espacio del yo». Se señala aquí la íntimaconexión existente entre la conciencia y el yo (atestiguada por el término: conciencia del yo), ytambién la idea de que el yo es más extenso que la conciencia actual; aquél es un verdaderodominio (que Freud pronto asimilará al «Preconsciente»).Las resistencias manifestadas por el paciente se describen en un primer análisis, en losEstudios sobre la histeria, como viniendo del yo «que encuentra placer en la defensa». Si unadeterminada técnica permite burlar momentáneamente su vigilancia, «en todas las ocasionesrealmente serias, se recupera, vuelve a encontrar sus fines y prosigue su resistencia». Pero,por otra parte, el yo está infiltrado por el «núcleo patógeno» inconsciente, de forma que el límiteentre ambos aparece en ocasiones como puramente convencional. Es más, «de esta mismainfiltración emanaría la resistencia». Aquí se encuentra ya bosquejado el problema de unaresistencia propiamente inconsciente, problema que, más tarde, suscitará dos distintasrespuestas en Freud: el recurrir a la noción de un yo inconsciente, y también la noción de unaresistencia propia del ello.2.° La noción de yo se halla constantemente presente en las primeras elaboraciones quepropone Freud del conflicto neurótico. Se dedica a especificar la defensa en distintos «modos»,«mecanismos», «procedimientos», «dispositivos» correspondientes a las diversaspsiconeurosis: histeria, neurosis obsesiva, paranoia, confusión alucinatoria, etc. En el origen deestas diversas modalidades del conflicto se sitúa la incompatibilidad de una representación conel yo.Así, por ejemplo, en la histeria el yo interviene como instancia defensiva, pero de un modocomplejo. El decir que el yo se defiende no se halla exento de ambigüedad. Esta fórmula puedecomprenderse del siguiente modo: el yo, como campo de conciencia, situado ante una situación conflictiva (conflicto de intereses, de deseos, o incluso de deseos y prohibiciones) e incapaz dedominarla, se defiende evitándola, no queriendo saber nada de ella; en este sentido, el yo seríael campo que debe ser preservado del conflicto por la actividad defensiva. Pero el conflictopsíquico que Freud ve actuar presenta otra dimensión: es el yo como «masa dominante derepresentaciones » lo que se ve amenazado por una representación considerada comoinconciliable con él: tiene lugar una represión por el yo. El Caso Lucy R..., uno de los primerosen que Freud establece la noción de conflicto y la parte que en él desempeña el yo, ilustra de unmodo especial esta ambigüedad: Freud no se satisface con la sola explicación según la cual elyo, por carecer del «valor moral» necesario, no quiere saber nada del «conflicto de afectos»que le perturba; la cura sólo progresa en la medida en que se ocupa de esclarecer «símbolosmnémicos» sucesivos, símbolos de escenas en las que aparece un deseo inconsciente bienpreciso, en lo que ofrece de inconciliable con la imagen de sí misma que la paciente intentamantener.Precisame nte porque el yo toma parte en el conflicto, el motivo de la acción defensiva o, comodice a veces Freud a partir de esta época, su señal, es el sentimiento de displacer que le afectay que, para Freud, se halla directamente ligado a esta inconciliabilidad.Por último, si bien la operación defensiva de la histeria se atribuye al yo, esto no implica que seconciba únicamente como consciente y voluntaria. En el Proyecto de psicología científica, en elque Freud da un esquema de la defensa histérica, uno de los puntos importantes que intentaexplicar es «[...] por qué un proceso del yo se acompaña de efectos que habitualmente sóloencontramos en los procesos primarios»: en la formación del «símbolo mnémico» que es elsíntoma histérico, todo el quantum de afecto, toda la significación, se hallan desplazados de losimbolizado al símbolo, lo que no ocurre en el pensamiento normal. Esta utilización del procesoprimario por el yo sólo interviene cuando éste se ve incapaz de hacer funcionar sus defensasnormales (por ejemplo, atención, evitación). En el caso del recuerdo de un trauma sexual (véaseosterioridad; Seducción), el yo se ve sorprendido por un ataque interno y no puede hacer másque «dejar que intervenga un proceso primario». La situación de la «defensa patológica» conrespecto al yo no se halla, pues, determinada en forma unívoca: en un sentido, el yo esciertamente el agente de la defensa, pero, en la medida en que sólo puede defenderseseparándose de lo que le amenaza, abandona la representación inconciliable a un tipo deproceso que escapa a su control.3.° En la primera elaboración metapsicológica dada por Freud del funcionamiento psíquico, seatribuye a la noción de yo un papel de primer orden. En el Proyecto de psicología científica, lafunción del yo es fundamentalmente inhibidora. En lo que Freud describe como «experiencia desatisfacción» (véase este término), el yo interviene para impedir que la catexis de la imagenmnémica del primer objeto satisfactorio adquiera una fuerza tal que desencadene un «indicio derealidad» a igual título que la percepción de un objeto real. Para que el indicio de realidadadquiera valor de criterio para el sujeto, es decir, para que se evite la alucinación y para evitarque la descarga se produzca tanto en la ausencia como en la presencia del objeto real, es necesario que se inhiba el proceso primario, que consiste en una libre propagación de laexcitación hasta la imagen. Se ve, pues, que, si bien el yo es lo que permite al sujeto noconfundir sus procesos internos con la realidad, no es debido a que posea un accesoprivilegiado a lo real, un patrón con el cual compararía las representaciones. Este acceso directoa la realidad Freud lo reserva a un sistema autónomo llamado «sistema percepción» (designadopor las letras W o w), muy distinto del sistema y del cual forma parte el yo que funciona de unmodo totalmente diferente.Freud describe el yo como una «organización» de neuronas (o, traducido al lenguaje menos«fisiológico» utilizado por Freud en otros textos, una organización de representaciones)caracter izada por varios rasgos: facilitación de las vías asociativas interiores de este grupo deneuronas, catexis constante por una energía de origen endógeno, es decir, pulsional, distinciónentre una parte permanente y una parte variable. La permanencia en él de un nivel de catexis eslo que permite al yo inhibir los procesos primarios, no sólo los que conducen a la alucinación,sino también aquellos capaces de provocar displacer («defensa primaria»). La catexis del deseohasta la alucinación, el desarrollo total de displacer que comporta un gasto total de la defensa,todo esto lo designamos con el término procesos psíquicos primarios; por el contrario, losprocesos que sólo son posibles en virtud de una buena catexis del yo y que representan unamoderación de los anteriores son los procesos psíquicos secundarios».Vemos, pues, que el yo no es definido por Freud como el conjunto del individuo, ni siquiera comoel conjunto del aparato psíquico; es sólo una parte de éste. Con todo, esta tesis debecompletarse, en la medida en que la relación del yo con el individuo, tanto en la dimensiónbiológica de éste (organismo) como en su dimensión psíquica, es de una importancia privilegiada.Esta ambigüedad constitutiva del yo se encuentra en la dificultad de dar un sentido unívoco a lanoción de interior, de excitación interna. La excitación endógena se concibe sucesivamentecomo viniendo del interior del cuerpo, más tarde del interior del aparato psíquico, y por últimocomo almacenada en el yo definitivo como reserva de energía (Vorratsträger): hay aquí unaserie de encajamientos sucesivos, que, si se prescinde de los esquemas explicativosmecanicistas que Freud da de ellos, inducen a concebir la idea de un yo como una especie demetáfora realizada del organismo.II. El capítulo metapsicológico de La interpretación de los sueños (exposición de la «primera»teoría del aparato psíquico, que, de hecho, se nos aparece más bien, a la luz de los trabajospóstumos de Freud, como una segunda metapsicología) muestra diferencias manifiestas enrelación con las concepciones anteriores. Se establece la diferenciación sistemática entre lossistemas Inconsciente, Preconsciente, Consciente, dentro del marco de un «aparato» en el queno interviene la noción de yo.A raíz de su descubrimiento del sueño como «vía real hacia el inconsciente», Freud hace recaerel acento especialmente sobre los mecanismos primarios del «trabajo del sueño» y sobre la forma como imponen su ley al material preconsciente. El paso de un sistema a otro se concibecomo traducción o, según una comparación óptica, como paso de un medio a otro dotado de uníndice de refracción distinto. No falta en el sueño la acción defensiva, pero ésta no es englobadaen modo alguno por Freud bajo el término «yo». Diversos aspectos que podían reconocérsele enlos trabajos anteriores se encuentran aquí repartidos en distintos niveles:l.° el yo como agente defensivo lo encontramos, por una parte, en la censura; conviene señalar,además, que ésta posee una función esencialmente prohibitiva, que impide asimilarla a unaorganización compleja capaz de hacer intervenir mecanismos diferenciados como los que Freudreconoce en los conflictos neuróticos;2.° la función moderadora e inhibidora ejercida por el yo sobre el proceso primario se vuelve aencontrar en el sistema Pcs, tal como funciona en el pensamiento durante la vigilia. Con todo, seobservará la diferencia existente a este respecto entre la concepción del Proyecto y la de Lainterpretación de los sueños. El sistema Pcs es el lugar mismo del funcionamiento del procesosecundario, mientras que el yo, en el Proyecto, era lo que inducía el proceso secundario, enfunción de su propia organización;3.° el yo como organización libidinalmente catectizada se encuentra explícitamente comoportador del deseo de dormir, en el que Freud ve el motivo de la formación del sueño.III. El período 1900-1915 puede definirse como un período de tanteos en lo que respecta a lanoción de yo. Esquemáticamente puede decirse que la investigación freudiana opera en cuatrodirecciones:1.ª En los trabajos más teóricos de Freud acerca del funcionamiento del aparato psíquico, aludeal modelo establecido en 1900 basándose en el ejemplo del sueño, llevándolo hasta sus últimasconsecuencias, sin hacer intervenir el concepto de yo en las diferenciaciones tópicas ni el depulsiones del yo en las consideraciones energéticas.2.ª Respecto a las relaciones entre el yo y la realidad, no puede hablarse de un verdaderocambio en la solución del problema sino de un desplazamiento del acento. La referenciafundamental sigue siendo la de la experiencia de satisfacción y de la alucinación primitiva: a) se valoriza el papel de «la experiencia de la vida»: «Solamente la falta persistente de lasatisfacción esperada, la decepción, es lo que ha dado lugar al abandono de esta tentativa desatisfacción por medio de la alucinación. En su lugar, el aparato psíquico hubo de decidirse arepresentar el estado real del mundo exterior y a intentar una modificación real»; b) el establecimiento de dos grandes principios del funcionamiento psíquico añade algo a ladistinción entre proceso primario y proceso secundario. El principio de realidad aparece comouna ley que viene a imponer desde el exterior sus exigencias al aparato psíquico, el cual tiendeprogresivamente a hacerlas suyas;c) Freud concede a las exigencias del principio de realidad un soporte privilegiado. Se trata delas pulsiones de autoconservación, que abandonan más rápidamente el funcionamiento según elprincipio de placer y que, susceptibles de ser educados más aprisa por la realidad, proporcionanel substrato energético de un «yo-realidad» que «[...] no tiene que hacer más que tender hacia loútil y asegurarse contra los daños». Bajo esta perspectiva, el acceso del yo a la realidadescaparía a toda problemática: la forma como el yo pone fin a la satisfacción alucinatoria deldeseo cambia de sentido; el yo efectúa la prueba de la realidad por intermedio de las pulsionesde autoconservación e intenta a continuación imponer las normas de la realidad a las pulsionessexuales (para la discusión de esta concepción, véase: Prueba de realidad y Yo-placer,Yo-realidad);d) la relación del yo con el sistema Preconsciente-Consciencia, y especialmente con lapercepción y la motilidad, se vuelve muy estrecha.3.° En la descripción del conflicto defensivo, y más especialmente en la clínica de la neurosisobsesiva, el yo se afirma como la instancia que se opone al deseo. Oposición que vieneseñalada por el afecto displacentero y que adquiere desde un principio la forma de una luchaentre dos fuerzas en las que se reconoce igualmente la marca de la pulsión; al querer poner enevidencia la existencia de una neurosis infantil «completa» en Análisis de un caso de neurosisobsesiva, Freud descubre: «una pulsión erótica y una rebeldía contra la misma, un deseo (aunno compulsivo) y un temor (ya compulsivo) que lucha contra él, un afecto penoso y un impulso arealizar acciones defensivas». Preocupado por dar al yo, simétricamente a la sexualidad, unsoporte pulsional, Freud se ve inducido a describir el conflicto como la oposición entre laspulsiones sexuales y las pulsiones del yo.En el mismo orden de ideas, Freud se pregunta sobre el desarrollo de las pulsiones del yo,desarrollo que debería tomarse en consideración a igual título que el desarrollo libidinal, y sugiereque, en el caso de la neurosis obsesiva, el desarrollo de las pulsiones del yo podría ir adelantadosobre el desarrollo libidinal.4.ª Durante este período aparece una nueva concepción, la del yo como objeto de amor, basadaespecialmente en los ejemplos de la homosexualidad y de las psicosis; esta concepciónpredominará en cierto número de textos de los años 1914-1915, que marcan un verdadero girodel pensamiento freudiano. IV. En este período de cambio (1914-1915) se elaboran tres nociones íntimamente ligadas entresí: el narcisismo, la identificación como constitutiva del yo, y la diferenciación, dentro del yo, deciertos componentes «ideales».1.° Lo que la introducción del narcisismo implica en cuanto a la definición del yo puede resumirsedel siguiente modo:a) el yo no existe desde un principio ni tampoco aparece como el resultado de una diferenciaciónprogresiva. Para constituirse requiere «una nueva acción psíquica»;b) se define como unidad en relación con el funcionamiento anárquico y fragmentado de lasexualidad que caracteriza al autoerotismo;c) se ofrece como objeto de amor a la sexualidad, a igual título que un objeto exterior. Bajo laperspectiva de una génesis de la elección objetal, Freud se ve inducido incluso a establecer lasecuencia: autoerotismo, narcisismo, elección objetal homosexual, elección objetal heterosexual;d) esta definición del yo como objeto impide que sea confundido con el conjunto del mundointerior del sujeto. Así, Freud tiende a mantener, en contraposición a Jung, una distinción entre laintroversión de la libido sobre las fantasías y una «vuelta de aquélla sobre el yo»;e) desde el punto de vista económico, «el yo debe considerarse como un gran reservorio delibido, de donde ésta es enviada hacia los objetos y que se halla siempre dispuesto a absorber lalibido que refluye a partir de los objetos». Esta imagen del reservorio implica que el yo no essimplemente un lugar de paso para la energía de catexis, sino el lugar de un estancamientopermanente de ésta, e incluso que es constituido como forma por esta carga energética. De ahíla imagen de un organismo, de un «pequeño animal protoplasmático» que se emplea paracaracterizarlo;f) por último, Freud describe como típica una «elección objetal narcisista», en la que el objeto deamor viene definido por su semejanza con el propio yo del individuo. Pero, aparte de un tipoparticular de elección objetal, que viene ilustrada, por ejemplo, por ciertos casos dehomosexualidad masculina, lo que Freud se ve inducido a modificar para situar el yo del sujetoes el conjunto de la noción de elección objetal, incluido el tipo denominado apoyo.2.° Durante el mismo período se enriquece considerablemente el concepto de identificación: juntoa aquellas formas, reconocidas desde un principio en la histeria, en las que la identificaciónaparece como transitoria, como una forma de significar, en un auténtico síntoma, una similitudinconsciente entre la persona y otro, Freud distingue otras formas fundamentales de identificación; ésta ya no es sólo la expresión de una relación entre yo y otra persona: el yopuede experimentar una profunda modificación por la identificación, convirtiéndose en el residuointrasubjetivo de una relación intersubjetiva. Así, en la homosexualidad masculina, «el joven noabandona a su madre, sino que se identifica con ella y se transforma en ella [...]. Lo quesorprende es el alcance de tal identificación: modifica el yo en una de sus partes másimportantes, el carácter sexual, según el prototipo de lo que anteriormente era objeto».3.° Como resultado del análisis de la melancolía y de los procesos que ésta pone de manifiesto,se transforma profundamente la noción de yo.a) la identificación con el objeto perdido, manifiesta en el melancólico, se interpreta como unaregresión, a una identificación más arcaica, concebida como una fase preliminar de la elecciónobjetal «[...] en la cual el yo quiere incorporarse este objeto». Esta idea prepara el camino parauna concepción de un yo que no sólo sería remodelado por identificaciones secundarias, sinoque desde el principio se constituiría por una identificación que tendría como prototipo laincorporación oral;b) el objeto introyectado en el yo es descrito por Freud en términos antropomórficos; essometido a los peores tratos, sufre, el suicida aspira a matarlo, etc.;c) con la introyección del objeto, de hecho es toda una relación la que puede interiorizarse almismo tiempo. En la melancolía, el conflicto ambivalente hacia el objeto será transpuesto a larelación con el yo;d) el yo no es concebido ya como la única instancia personificada dentro del psiquismo. Algunaspartes pueden separarse por escisión, especialmente la instancia crítica o conciencia moral: unaparte del yo se sitúa frente a otra, la juzga críticamente, la toma, por así decirlo, como objeto.Se afirma así la idea, que ya se encuentra en Introducción al narcisismo, según la cual la granoposición existente entre la libido del yo y la libido de objeto no basta para explicar todas lasmodalidades del retiro narcisista de la libido. La libido «narcisista» puede tener como objetos todauna serie de instancias que forman un sistema complejo y cuya pertenencia al sistema del yo esconnotada, por lo demás, por los nombres con que Freud las designa: yo ideal, ideal del yo,superyó.V. La «vuelta» de 1920: como puede verse, esta fórmula sólo puede aceptarse con reservas,por lo menos en lo que respecta a la introducción de la noción de yo. Con todo, no es posiblenegar el propio testimonio de Freud sobre el cambio esencial que entonces se produjo. Pareceque, si la segunda teoría tópica hace del yo un sistema o una instancia, ello se debería ante todoa que tiende a amoldarse a las modalidades del conflicto psíquico mejor que la primera teoría, de la cual puede decirse esquemáticamente que tomaba como eje principal los diversos tipos defuncionamiento mental (proceso primario y proceso secundario). Ahora se elevan a la categoríade instancias del aparato psíquico las partes que intervienen en el conflicto, el yo como agentede la defensa, el superyó como sistema de prohibiciones, el ello como polo pulsional. El paso dela primera tópica a la segunda no implica que las nuevas «provincias» invaliden las delimitacionesanteriores entre Inconsciente, Preconsciente y Consciente. Pero, en la instancia del yo, vienen aagruparse funciones y procesos que, dentro del marco de la primera tópica, se hallabanrepartidos entre varios sistemas:1.° La conciencia, en el primer modelo metapsicológico, constituía un auténtico sistema autónomo(sistema w del Proyecto de psicología científica), para inmediatamente ser asociada por Freud,en forma no exenta de dificultades, al sistema Pcs (véase: Conciencia); ahora se precisa susituación tópica: ella es el «núcleo del yo»;2.° las funciones reconocidas al sistema Preconsciente se incluyen, en su mayor parte, en el yo;3.° el yo, y éste es el punto sobre el que insiste especialmente Freud, es en gran parteinconsciente. Así lo demuestra la clínica y, sobre todo, las resistencias inconscientes halladasen la cura: «Hemos encontrado en el propio yo algo que también es inconsciente, que secomporta exactamente igual que lo reprimido, es decir, que produce poderosos efectos sinvolverse consciente y que, para ser hecho consciente, exige un trabajo particular». Con estoFreud abría un camino que fue ampliamente explorado por sus sucesores: se han descritotécnicas defensivas del yo que no sólo son inconscientes en el sentido de que el sujeto ignorasus motivos y el mecanismo, sino además porque presentan un matiz compulsivo, repetitivo,«arreal», que las asemeja a lo reprimido, contra lo cual luchan.Esta ampliación del concepto de yo implica que se atribuye a éste, en la segunda tópica, las másdiversas funciones: control de la motilidad y de la percepción, prueba de la realidad, anticipación,ordenación temporal de los procesos mentales, pensamiento racional, etc., pero tambiéndesconocimiento, racionalización, defensa compulsiva contra las exigencias pulsionales. Comose ha señalado, estas funciones pueden agruparse en pares antinómicos (oposición a laspulsiones y satisfacción de las pulsiones, insight y racionalización, conocimiento objetivo ydeformación sistemática, resistencia y levantamiento de resistencias, etc.), antinomias que nohacen más que reflejar la situación asignada al yo en relación con las otras dos instancias y larealidad. Según el punto de vista en que se sitúa, Freud resalta, unas veces la heteronomía delyo, otras sus posibilidades de una relativa autonomía. El yo aparece esencialmente como unmediador que se esfuerza en atender exigencias contradictorias; « [...] se halla sometido a unatriple servidumbre, por lo cual se encuentra amenazado por tres tipos de peligros: el provenientedel mundo exterior, el de la libido del ello y el de la severidad del superyó [...]. Como ser-limítrofe,el yo intenta actuar de intermediario entre el mundo y el ello, hacer que el ello obedezca al mundoy hacer que el mundo, gracias a la acción muscular, se adapte al deseo del ello». VI. La extensión adquirida por la noción de yo en la teoría psicoanalítica lo demuestra tanto laatención que le han prestado numerosos autores como la diversidad de sus modos de abordaje.Así, toda una escuela se ha propuesto como objetivo relacionar las adquisiciones psicoanalíticascon las de otras disciplinas: psicofisiología, psicología del aprendizaje, psicología infantil,psicología social, con vistas a constituir una verdadera psicología general del yo. Un intento deeste tipo hace intervenir nociones como la de energía desexualizada y neutralizada a disposicióndel yo, la de función llamada «sintética» y la de una esfera no conflictual del yo. El yo seconcibe, ante todo, como un aparato de regulación y de adaptación a la realidad, y cuya génesisse intenta explicar por medio de procesos de maduración y de aprendizaje, a partir de ladotación sensorio-motriz del lactante. Incluso aunque puedan encontrarse, en el origen de estosconceptos, algunos puntos de apoyo en el pensamiento freudiano, parece más difícil admitir quela última teoría del aparato psíquico encuentre allí su expresión más adecuada. Ciertamente no setrata de oponer a esta orientación de la ego psychology una exposición de lo que sería la«verdadera» teoría freudiana del yo: más bien sorprende la dificultad de situar en una mismalínea de pensamiento el conjunto de las aportaciones psicoanalíticas al concepto de yo,Esquemáticamente puede intentarse agrupar las concepciones freudianas en dos orientaciones,considerand o los tres grandes problemas que plantean la génesis del yo, su situación tópica(principalmente su relación con el ello) y, por último, lo que se entiende por energía del yo desdeun punto de vista dinámico y económico.A) En una primera perspectiva, el yo aparece como el resultado de una diferenciaciónprogresiva del ello por influencia de la realidad exterior; esta diferenciación parte del sistemaPercepción-Conciencia, que se compara con la capa cortical de una vesícula de substancia viva:el yo «[...] se ha desarrollado a partir de la capa cortical del ello, que, dispuesta para recibir yapartar las excitaciones, se halla en contacto directo con el exterior (la realidad). Tomando comopunto de partida la percepción consciente, el yo somete a su influencia territoriosprogresivament e más amplios, capas cada vez más profundas del ello».El yo puede entonces definirse como un verdadero órgano que, cualesquiera que sean losfracasos efectivos que sufra, está destinado por principio, como representante de la realidad, aasegurar un control progresivo de las pulsiones: «Se esfuerza en lograr que impere la influenciadel mundo exterior sobre el ello y sus tendencias, intenta reemplazar el principio de placer, quereina sin restricción en el ello, por el principio de realidad. La percepción cumple, respecto al yo,una función análoga a la que posee la pulsión dentro del ello». Como el propio Freud indica, ladistinción entre el yo y el ello reasume entonces la oposición entre la razón y las pasiones.En esta concepción, el problema de la energía de que dispondría el yo no deja de planteardificultades. En efecto, en la medida en que el yo es el producto directo de la acción del mundoexterior, ¿cómo podría tomar de éste una energía capaz de actuar dentro de un aparato psíquico que funciona, por definición, con su propia energía? En ocasiones Freud se ve inducido a hacerintervenir la realidad, ya no solamente como un dato exterior que el individuo ha de tener encuenta para regular su funcionamiento, sino con todo el peso de una verdadera instancia (a igualtítulo que las instancias de la personalidad psíquica que son el yo y el superyó) actuando en ladinámica del conflicto. Pero, si la única energía de la que dispone el aparato psíquico es laenergía interna procedente de las pulsiones, la que se encuentra a disposición del yo sólo puedeser secundaria, derivada del ello. Esta solución, que es la que por lo general suele admitir Freud,tenía forzosamente que conducir a la hipótesis de una «desexualización» de la libido, hipótesisde la que cabe pensar que no hace más que localizar en una noción, a su vez problemática, unadificultad doctrinal.La concepción que acabamos de recordar aquí plantea, en conjunto, dos grandes problemas:por una parte, ¿cómo comprender la tesis, en la que se basa, de una diferenciación del yodentro de una entidad psíquica cuyas características se hallan mal definidas?, y, por otra, ¿noresulta difícil integrar en esta génesis casi ideal del aparato psíquico toda una serie deaportaciones fundamentales y propiamente psicoanalíticas a la noción de yo?La idea de una génesis del yo está cargada de ambigüedades, que, por lo demás, fueronmantenidas por Freud a todo lo largo de su obra y que no hacen más que agravarse con elmodelo propuesto en Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips, 1920). Enefecto, la evolución de la «vesícula viva» invocada en este texto puede concebirse a distintosniveles: filogenia de la especie humana, o incluso de la vida en general, evolución del organismohumano, y también diferenciación del aparato psíquico a partir de un estado indiferenciado. Así,pues, ¿qué valor debe concederse a esta hipótesis de un organismo simplificado que construiríasus propios límites, su aparato receptor y su protector contra las excitaciones bajo el impacto delas excitaciones externas? ¿Se trata de una simple comparación que ilustra mediante unaimagen, tomada, más o menos válidamente, de la biología (el protozoo), la relación del individuopsíquico con lo que es exterior al mismo? En tal caso, el cuerpo debería, en rigor, considerarsecomo formando parte del «exterior» en relación con lo que sería una vesícula psíquica, pero estaidea sería contraria al pensamiento de Freud: él jamás consideró equivalentes las excitacionesexternas y las internas, o pulsiones, que atacan constantemente, desde dentro, al aparatopsíquico e incluso al yo, sin posibilidad de huida. Nos vemos, pues, inducidos a buscar unarelación más íntima entre esta representación biológica y su transposición psíquica. Enocasiones Freud se apoya en una analogía real existente, por ejemplo, entre las funciones del yoy los aparatos perceptivos y protectores del organismo: de igual modo que el tegumentoconstituye la superficie del cuerpo, el sistema Percepción-Conciencia se halla en la «superficie»del psiquismo. Un enfoque de este tipo induce a concebir el aparato psíquico como el resultadode una especialización de las funciones corporales, y el yo como el producto final de una largaevolución del aparato de adaptación.Por último, a otro nivel, cabe preguntarse si la insistencia de Freud en utilizar esta imagen de unaforma viviente caracterizada por su diferencia de nivel energético con respecto al exterior, poseyendo un límite sometido a efracciones, que constantemente debe defenderse yreconstituirse, no se basa en una relación real entre la génesis del yo y la imagen del organismo,relación que Freud sólo en raras ocasiones formuló explícitamente: «El yo es, ante todo, un yocorporal, no es solamente un ser de superficie, sino que él mismo es la proyección de unasuperficie». «El yo deriva, en último término, de sensaciones corporales, principalmente de lasque se originan en la superficie del cuerpo. Puede así considerarse como una proyección mentalde la superficie del cuerpo, junto al hecho [...]de que representa la superficie del aparatomental». Esta indicación invita a definir la instancia del yo como basada en una operaciónpsíquica real consistente en una «proyección» del organismo en el psiquismo.B) Esta última observación invitaría, por sí sola, a agrupar toda una serie de ideas, centrales enpsicoanálisis, que permiten definir otra perspectiva. Esta no elude el problema de la génesis delyo; busca la solución, no recurriendo a la idea de una diferenciación funcional, sino haciendointervenir operaciones psíquicas particulares, verdaderas precipitaciones en el psiquismo derasgos, imágenes, formas tomadas del otro humano (véase especialmente: Identificación;Introyecci ón; Narcisismo; Fase del espejo; Objeto «bueno», objeto «malo»). Los psicoanalistasse han dedicado a investigar los momentos electivos y las etapas de estas identificaciones, y adefinir las que son específicas a las diversas instancias: yo, yo ideal, ideal del yo, superyó. Seobservará que, entonces, la relación del yo con la percepción y con el mundo exterior adquiereun nuevo sentido, sin quedar suprimida: el yo no es tanto un aparato que se desarrollaría a partirdel sistema Percepción-Conciencía como una formación interna que tendría su origen en ciertaspercepciones privilegiadas, provenientes, no del mundo exterior en general, sino del mundointerhumano.Desde el punto de vista tópico, el yo se define entonces, más que como una emanación del ello,como un objeto al que apunta éste: la teoría del narcisismo y el concepto correlativo de una libidoorientada hacia el yo o hacia un objeto exterior, según un verdadero equilibrio energético, lejosde ser abandonada por Freud con el advenimiento de la segunda tópica, será reafirmada hastaen sus últimos trabajos. La clínica psicoanalítica, especialmente la de las psicosis, habla tambiénen favor de esta concepción: menosprecio y odio del yo en el melancólico, ampliación del yohasta fusionarlo con el yo ideal en el maníaco, pérdida de los «límites» del yo, por retiro de lacatexis de éstas en los estados de despersonalización (como ha hecho resaltar P. Federn), etc.Finalmente, el difícil problema del soporte energético que sería preciso atribuir a las actividadesdel yo se presta a ser mejor examinado cuando se relaciona con el concepto de catexisnarcisista. Entonces el problema estriba menos en saber lo que significa el hipotético cambiocualitativo denominado desexualización o neutralización, que en comprender cómo el yo, objetolibidinal, puede constituir no sólo un «reservorio», sino también el sujeto de las catexis libidinalesque de él emanan.Esta segunda línea de pensamiento, de la que hemos dado aquí algunos elementos, se nosaparece, en la medida en que permanece más próxima a la experiencia y a los descubrimientos analíticos, como menos sintética que la primera; deja pendiente, sobre todo, la necesaria tarea dearticular a una teoría propiamente psicoanalítica del aparato psíquico, toda una serie deoperaciones y de actividades que, con la preocupación de edificar una psicología general, unaescuela psicoanalítica ha clasificado, como cosa obvia, entre las funciones del yo.
Psico está desconectado  
Antiguo 31-Oct-2008, 16:11   #3
Forero Senior
 
Avatar de Psico
 
Ingreso: 12-April-2008
Mensajes: 261
Psico está en el buen camino
Predeterminado Tercera Fuente...

Yo

Fuente(3)


El testimonio de Freud en 1916 acerca de la insuficiencia, en esa época, del análisis del yo,subraya también el origen de los problemas que han gobernado su profundización.«No es exacto que el psicoanálisis no se interese por el lado no sexual de la personalidad.Precisamente la separación entre el yo y la sexualidad ha mostrado con una claridad particularque las tendencias del yo también sufren un desarrollo significativo, que no es totalmenteindependiente de la libido, ni está por completo exento de reacción contra ella. En realidad, hayque decir que conocemos el desarrollo del yo mucho menos bien que el de la libido, y la razónestá en el hecho de que sólo después del estudio de las neurosis narcisistas podemos esperarpenetrar en la estructura del yo. Ya existe, no obstante, un intento muy interesante relacionadocon esta cuestión. Es el de Ferenczi, que trató de establecer teóricamente las fases deldesarrollo del yo, y contamos por lo menos con dos puntos de apoyo sólidos para un juicioconcerniente a ese desarrollo. No se trata de que los intereses libidinales de una persona esténdesde el principio y necesariamente en oposición a los intereses de autoconservación; se puededecir más bien que el yo, en cada etapa de su desarrollo, busca armonizarse con laorganización sexual, adaptársela.» En otros términos, este impulso doctrinario, llamado a desplegarse unos años más tarde en lasegunda tópica, traduce la primacía adquirida por el tipo de afecciones en las que se basó lacrítica de Jung a partir de 1910, y que en 1914 ilustrará la «Introducción del narcisismo». Vuelcodecisivo en una investigación de la que convendrá tener en cuenta los orígenes, sobre todoporque el propio Freud volverá a ellos incluso después de la segunda tópica, con la restauraciónde la noción de defensa.


El yo en el análisis del conflicto

En efecto, la función teórica del yo está inscrita, desde los primeros desarrollos de lainvestigación freudiana, en el contexto del análisis del conflicto.Habrá además que subrayar que Freud da testimonio entonces de su insatisfacción respecto delos términos tomados del lenguaje tradicional: «En cuanto al camino que lleva desde el esfuerzode voluntad del paciente hasta la aparición del síntoma neurótico», escribe en 1894, en «Lasneuropsicosis de defensa», «me he formado una opinión que quizá pueda expresarse comosigue, utilizando las abstracciones psicológicas corrientes: el yo que se defiende se proponetratar como "no acontecida" la representación inconciliable, pero esta tarea es insoluble demanera directa; tanto la huella mnémica como el afecto ligado a la representación quedan allípara siempre y ya no pueden borrarse. Pero se tiene una solución aproximada si se llega atransformar esta representación fuerte en representación débil, a arrancarle el afecto, la sumade excitación con la que estaba cargada. La representación débil, por así decirlo, ya no emitiráninguna pretensión de participar en el trabajo asociativo, pero la suma de excitación separada deella debe ser conducida hacia otra utilización».La noción conserva también un valor operatorio. Así, en el caso de la obsesión, «al emprender,para la defensa, el camino de la transposición del afecto, el yo se procura una ventaja muchomás pobre que en la conversión histérica de la excitación psíquica en inervación somática. Elafecto que el yo ha padecido subsiste sin cambio ni atenuación, igual que antes, con la únicadiferencia de que la representación inconciliable es mantenida en el fondo y excluida delrecordar. También en este caso las representaciones reprimidas forman el núcleo de unsegundo grupo psíquico que, me parece, es accesible incluso sin la ayuda de la hipnosis. Si enlas fobias y obsesiones no se encuentran los síntomas que acompañan en la histeria a laformación de un grupo psíquico independiente, esto se debe probablemente al hecho de que enel primer caso el conjunto de la modificación ha permanecido en el dominio psíquico, y que larelación entre excitación psíquica e inervación somática no ha sufrido ningún cambio».En términos más generales, una carta del 24 de enero de 1895 bosqueja una sistematización de los trastornos psíquicos según el criterio de la variabilidad de su relación conflictual con el Yo.1) Histeria. «La representación intolerable no puede llegar a asociarse con el yo. Su contenidosigue separado, fuera de la conciencia; su afecto se encuentra desplazado, trasladado a losomático, por conversión.»2) Ideas obsesivas. «También en este caso la representación intolerable es mantenida fuera dela asociación con el yo. El afecto subsiste, pero el contenido se encuentra sustituido.»3) Confusión alucinatoria. «Todo el conjunto de la representación intolerable (afecto y contenido)es mantenido apartado del yo, lo que sólo resulta posible mediante un desasimiento parcialrespecto del mundo exterior. Sobrevienen alucinaciones agradables al yo, que favorecen ladefensa.»4) Paranoia. «Contrariamente a lo que sucede en el caso 3, se mantienen el contenido y el afectode la idea intolerable, pero proyectados en el mundo exterior. Las alucinaciones, que seproducen en cierta forma de esta enfermedad, son desagradables al yo, pero favorecen ladefensa.»


Bosquejo y repudio de una representación mecanicista

En los términos del «Proyecto de psicología», un primer ensayo de interpretación teórica deestos datos clínicos será llevado al terreno de la fisiología: «Al formular la idea de una atracciónprovocada por el deseo, y de una tendencia a la represión, hemos abordado una cuestiónnueva, la de un cierto estado de T. En efecto, los dos procesos nos muestran que se haformado en T una instancia cuya presencia traba el pasaje (de cantidad) cuando el mencionadopasaje se ha realizado la primera vez de una manera particular (es decir, cuando se acompañóde satisfacción o de dolor). Esta instancia se llama "yo". Se la describe fácilmente haciendoresaltar que la recepción, constantemente repetida, de cantidades endógenas (Q) en ciertasneuronas (del núcleo) y la facilitación que esta repetición provoca, producen un grupo deneuronas cargadas de manera permanente, que así se convierten en el portador de la reservade cantidades requeridas por la función secundaria. De modo que describiremos al yo diciendoque constituye en un momento dado la totalidad de las investiduras Y existentes». De manerageneral, «la inhibición proveniente del yo tiende, en el momento del deseo, a atenuar lainvestidura del objeto».No obstante, la representación del yo en este registro fisiológico fue muy pronto traducida alregistro psicológico. En 1896, el artículo «Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa» retorna a taltítulo los grandes lineamientos de la lectura de 1895 en lo que concierne a la histeria, la obsesióny la paranoia. En 1897 se atraviesa una nueva etapa, y la función del yo se relaciona con elpreconsciente. «Cronológicamente -escribe Freud, en una carta del 31 de mayo de 1897-, laprimera fuerza motivante en la formación de los síntomas es la libido. Todo parece suceder comosi, por una parte, en los estadios ulteriores, se produjeran estructuras complejas (pulsiones,fantasmas, motivaciones) a partir de los recuerdos, mientras que, por otro lado, en elinconsciente se insinuara una defensa proveniente desde lo preconsciente (el yo), convirtiendola defensa en multilocular.»


Yo e identificación

¿En qué medida esta insistencia en la función defensiva del yo fue afectada por la interpretaciónde los sueños? Sin duda, no siempre aparece con este carácter evidente. En primer lugar, encuanto a la identificación es todavía implícita.«Cuando veo surgir en el sueño, no mi yo, sino una persona extraña, debo suponer que mi yoestá oculto detrás de esa persona, gracias a la identificación. Está sobrentendido. Otras vecesmi yo aparece en el sueño y la situación en la que se encuentra me muestra que otra persona seoculta detrás de él, también en virtud de una identificación. Es necesario entonces descubrirmediante la interpretación lo que es común a esa persona y a mí, y transferirlo al yo. Hay tambiénsueños en los que el yo aparece en compañía de otras personas que, cuando uno resuelve laidentificación, se revelan como mi yo. Entonces es necesario, sobre la base de estaidentificación, unir representaciones diversas que la censura había interdicto. Por tanto puedorepresentar mi yo varias veces en un mismo sueño, primero de una manera directa, después poridentificación con otras personas. Con varias identificaciones de este tipo, se puede condensarun material de pensamientos extraordinariamente rico.»Según este texto, la imagen onírica designada como la del yo está relacionada con un polo deatracción o de rechazo que interesa a un conjunto de representaciones, y por lo tanto sepresenta como vehículo de una defensa.Examinemos, sin embargo, la interpretación del yo en el dormir. También se tratará de ciertaespecie de defensa pero, paradójicamente, inversa a la defensa neurótica, puesto que se ejercecontra la eventualidad del despertar. Es decir, a favor de la descarga libidinal. Freud escribe: «Obien el alma pasa por alto las sensaciones que recibe durante el dormir (cuando su intensidad ysu sentido, que ella comprende, se lo permiten), o bien el sueño le sirve para rechazarlas,despojarlas de su valor o, finalmente, si tiene que reconocerlas, se esfuerza en interpretarlas demanera tal que formen parte de una situación anhelada y compatible con el dormir. La sensación actual se mezcla en el sueño para que pierda toda realidad. Napoleón puede seguir durmiendo,sólo se trata del recuerdo del cañón de Arcole».Así, continúa la edición de 1900, «el deseo de dormir debe contarse en todos los casos entre losmotivos que han contribuido a formar el sueño, y todo sueño logrado es una realización dedeseo».Sin duda, esta primera edición no hace referencia al yo. No obstante, el texto de 1901 tituladoSobre el sueño -sistematización condensada de La interpretación de los sueños insiste en elpunto: «Mientras la instancia en la que reconocemos nuestro yo normal se orienta hacia el deseode dormir, parece que las condiciones psicofisiológicas de ese estado la obligan a relajar laenergía con la que acostumbraba a mantener sometido lo reprimido durante el día. Esterelajamiento es por cierto anodino en sí mismo; aunque las excitaciones del alma infantil oprimidapuedan tener curso libre, como consecuencia de ese mismo estado del dormir encuentran másdifícil el acceso a la conciencia, y su acceso a la motilidad está obstruido. Pero es precisorechazar el peligro de que el dormir sea perturbado por esas excitaciones. El sueño crea unaespecie de liquidación psíquica del deseo sofocado, o formado con ayuda de lo reprimido,presentándolo como realizado; pero también satisface a la otra instancia, al permitir lacontinuación del dormir. En este caso nuestro yo se comporta un poco como un niño; prestacreencia a las imágenes del sueño, como si quisiera decir: "Sí, sí, tienes razón, pero déjamedormir". El desdén en que tenemos al sueño al despertar, desdén que se funda en la confusión yla aparente falta de lógica del sueño, probablemente no sea más que el juicio de nuestro yodurmiente acerca de las mociones que llegan de lo reprimido, juicio que se basa con tododerecho en la impotencia motriz de esos perturbadores del dormir».Estas indicaciones conducen a la idea de una multiplicidad de posiciones del yo: «El niño esabsolutamente egoísta, siente con intensidad sus necesidades y lucha sin contemplaciones porsatisfacerlas; lucha en particular contra los hermanos y las hermanas. No decimos que por estosea «malvado», sino «díscolo»; no podemos juzgarlo responsable de sus malas acciones, ytampoco lo es ante la ley. Esto es justo; en efecto, cabe esperar que, desde la infancia, elpequeño egoísta comience a experimentar inclinaciones altruistas y despierte a la vida moral;para hablar como Meynert, podemos esperar que un yo secundario recubra al yo primario y loinhiba. Sin duda, la moral no aparece simultáneamente en todos los puntos, y la duración delperíodo amoral de la infancia difiere en los distintos individuos».Estas sugerencias contienen el embrión de las vicisitudes que aparecerán en las investigacionessobre las que se informa en las ediciones ulteriores de La interpretación de los sueños.En lo que concierne al deseo de dormir, el texto de 1900 será completado en tres puntos. En1911, se dice de este deseo que el yo lo ha tomado por lugar (eingestellt en la acepción tópica)y, por otra parte, entre las funciones del yo se subraya la referencia a la censura. En 1914 seañade a esta enumeración de las funciones del yo, la elaboración secundaria. Estos agregados desarrollan la indicación que aparece en la carta a Fliess del 31 de mayo de1897, en cuanto a la dependencia del yo respecto del preconsciente, sin que se niegue sudependencia de la conciencia. Además, la defensa es calificada, Por estas diversas razones,como «multilocal».


Yo-placer y yo-realidad

De modo que, antes de que los problemas suscitados por las «psicosis narcisistas» lleven aconsiderar el desarrollo del yo, dos líneas de investigación habrán ya conducido a ladeterminación de esta instancia: con respecto a la psicopatología, el yo es definido por elejercicio de una función de defensa contra las excitaciones libidinales; en la investigación sobreel sueño, se hace cargo del deseo de dormir, en oposición a las excitaciones exteriores, esdecir, a la realidad. Le corresponderá a la teoría de las psiconeurosis narcisistas unificar estasdos exigencias. Al definir en tanto que yo-placer el polo de la regresión narcisista, dicha teoríainvita a oponerle como yo-realidad el polo del desarrollo: el que tiene por función principaldistinguir un interior de un exterior. Más precisamente, si seguimos el artículo «Pulsiones ydestinos de pulsión», vemos distinguir una fase originaria autoerótica, una fase de introyección yuna fase de transformación del yo. a) «Originariamente, al principio de la vida psíquica, el yo seencuentra investido por las pulsiones y es en parte capaz de satisfacer sus pulsiones sobre símismo. A este estado lo llamamos narcisismo, y calificamos de autoerótica esta posibilidad desatisfacción. En ese momento, el mundo exterior no está investido por el interés (en el sentidogeneral del término), es indiferente en lo que concierne a la satisfacción. En esa época, elyo-sujeto coincide con lo placentero; el mundo exterior, con lo indiferente (eventualmente con loque, como fuente de excitación, es displacentero). b) El yo no tiene necesidad del mundoexterior, puesto que es autoerótico, pero recibe de ese mundo objetos, como consecuencia delas experiencias que derivan de las pulsiones de conservación yoicas, y no puede evitar sentirdurante cierto tiempo como displacenteras las excitaciones pulsionales internas. Entonces, bajola dominación del principio de placer, se produce en el yo un nuevo desarrollo. Toma en sí losobjetos que se presentan en cuanto son fuentes de placer, los introyecta (según la expresión deFerenczi); por otro lado, expulsa fuera de sí lo que, en su interior le provoca displacer. c) Elyo-realidad del principio, que ha distinguido lo interior y lo exterior con la ayuda de un buencriterio objetivo, se transforma así en un yo-placer purificado, que pone el carácter del placerpor encima de todos los otros. El mundo exterior se descompone para el yo en una parte"placer", que es incorporada, y en un resto que le es extraño. El yo extrae de sí mismo una parteque lo integra, la arroja al mundo exterior y la experimenta como hostil. Después de esaredistribución, las dos polaridades se restablecen de nuevo:Yo-sujeto, con placer. Mundo exterior, con displacer (la indiferencia de antes).»Resta aún comprender en qué medida este primer esbozo del desarrollo del yo fue el preludio deuna renovación aportada por la segunda tópica.


Aparición del ideal del yo

En esta perspectiva, remitámonos al capítulo X del ensayo de 1929 titulado Psicología de lasmasas y análisis del yo. «La masa se nos aparece como una resurrección de la horda primitiva.Así como el hombre primitivo sobrevive de modo virtual en cada individuo, toda masa humana escapaz de reconstituir la horda primitiva. De ello debemos extraer la conclusión de que lapsicología de las masas es la más antigua psicología humana; los elementos que, aislados de loque se relaciona con la masa, nos han servido para constituir la psicología individual, sólo sediferenciaron de la antigua psicología de las masas bastante tarde, gradualmente y de unamanera que, aun en nuestros días, es muy parcial. Trataremos de indicar el punto de partida deesta evolución.»Retroactivamen te, esa indicación aclara la sucesión de las etapas atravesadas por laconcepción del yo en dirección al ideal del yo y al superyó; en efecto, justificará laconvergencia, en la elaboración de estas nociones, de un análisis psicopatológico centrado en elpsiquismo «individual» y una reconstrucción del registro psicosocial.Al principio, la reestructuración de la noción del yo parece realizarse desde el punto de vistaexclusivo del psiquismo individual. Si nos remitimos a «Introducción del narcisismo», el ideal delyo empieza siendo un ideal que se forma el yo: «La represión, hemos dicho, proviene del yo;podemos precisar: de la estima del yo por sí mismo. Las mismas impresiones, experiencias,impulsos, mociones de deseo a las cuales un determinado hombre da libre curso, o que por lomenos elabora conscientemente, son rechazadas por otro hombre con la mayor indignación, osofocadas antes de que puedan volverse conscientes. Pero la diferencia entre estos dossujetos, que contiene la condición de la represión, se puede expresar fácilmente en los términosde la teoría de la libido. Podemos decir que uno ha establecido en sí un ideal con el que mide suyo actual, mientras que esa formación de ideal está ausente en el otro. La formación del idealsería del lado del yo, la condición de la represión». Se designará a este ideal como yo ideal (idealich) y se lo comprenderá como una prolongación del narcisismo en tanto que objeto de amor. Noobstante, en cuanto este ideal es el objeto de la búsqueda del yo, la designación que lecorresponde es «ideal del yo». «A este yo ideal (ideal ich) se dirige ahora el amor ególatra delque en la infancia gozaba el yo real.» «Parece que el narcisismo es desplazado sobre ese nuevo yo ideal que, como el yo infantil, seencuentra en posesión de todas las perfecciones. Como siempre es el caso en el dominio de lalibido, el hombre se muestra incapaz de renunciar a la satisfacción de la que alguna vez hagozado. No quiere privarse de la perfección narcisista de su infancia. Si no pudo mantenerlaporque durante su desarrollo las reprimendas de los otros lo perturbaron y despertó su propiojuicio, trata de recobrarla bajo la nueva forma del ideal del yo. Lo que proyecta ante sí como suideal es el sustituto del narcisismo perdido de su infancia; en aquel tiempo, él era su propioideal.»De esto se pasa a asimilar ese ideal a la conciencia moral. En efecto, «no sería sorprendenteque encontremos una instancia psíquica particular que realiza la tarea de velar para asegurar lasatisfacción narcisista procedente del ideal del yo, y que, con esta intención, observe sin cesaral yo actual y lo mida con el ideal. Si existe una instancia tal, es imposible que sea objeto de undescubrimiento inopinado; sólo cabe que la reconozcamos como tal, y podemos decir que lo quellamamos nuestra conciencia moral posee esta característica. El reconocimiento de estainstancia nos permite comprender las ideas delirantes en las que el sujeto se cree el centro de laatención de los otros o, mejor dicho, el delirio de observación, tan claro en la sintomatología delas afecciones paranoides, pero que también puede producirse como afección aislada o bien demanera esporádica en una neurosis de transferencia».En la confirmación de esta hipótesis, le cupo un rol sin duda esencial a las investigaciones deSilberer: «Será sin duda importante poder reconocer también en otros dominios los indicios de laactividad de esta instancia que observa, critica y se ha elevado a la dignidad de concienciamoral e introspección filosófica. Me refiero aquí a lo que H. Silberer ha descrito como "fenómenofuncional", una de las pocas adiciones a la doctrina de los sueños que tiene un valorincontestable. Se sabe que Silberer ha demostrado la posibilidad de observar directamente, enlos estados ubicados entre el dormir y la vigilia, la transposición de los pensamientos enimágenes visuales, pero que en tales circunstancias la imagen que aparece no representa engeneral el contenido del pensamiento, sino el estado (buena disposición, fatiga, etc.) en que seencuentra la persona que lucha contra el sueño».Tenemos aquí un equivalente de la autocrítica que acabamos de designar como patrimonio delideal del yo, y que se une a la noción presupuesta en el origen mismo del psicoanálisis, es decir,la noción de censura: «Nosotros hemos descubierto, recordémoslo, que la formación del sueñose produce bajo el dominio de una censura que obliga a los pensamientos del sueño a sufrir unadeformación. Bajo esta censura no nos representamos sin embargo un poder especial, sino queescogemos esta expresión para designar un aspecto particular de las tendencias represorasque dominan al yo; un aspecto vuelto, orientado hacia los pensamientos del sueño. Sipenetramos más en la estructura del yo, podemos reconocer al censor del sueño en el ideal delyo y en las manifestaciones dinámicas de la conciencia moral. Si este censor está un poco enestado de alerta, incluso durante el dormir, comprendemos que la autoobservación y laautocrítica que su actividad presupone aportan su contribución al contenido del sueño en contenidos tales como «ahora está demasiado dormido para pensar», «ahora se despierta».«A partir de aquí, podemos tratar de discutir el problema del sentimiento de sí en el normal y elneurótico.»Ahora bien, desde ese momento se impone el doble aspecto del ideal del yo: el aspecto individualy el aspecto social. «Del ideal del yo se desprende una vía importante que conduce a lacomprensión de la psicología de las masas. Además de su lado individual, este ideal tiene un ladosocial; es también el ideal común de una familia, de una clase, de una nación. Además de la libidonarcisista, él tiene ligado un gran quántum de la libido homosexual de una persona, libido que, poresta vía, es devuelta al yo. La insatisfacción que resulta del incumplimiento de este ideal liberalibido homosexual que se transforma en conciencia de culpa (angustia social).»De este modo, la observación del fenómeno funcional se unirá, a través de la interpretación delcaso Schreber, y menos directamente, a través de la concepción de la paranoia en lacorrespondencia con Fliess, a la configuración dual, solidariamente narcisista y social, de lacomunicación.Pero además permite comprender la metodología adoptada por Freud en la construcciónsistemática del ideal del yo, según la desarrolla El yo y el ello.


El problema de la socialización en la segunda tópica

Si es cierto que la psicología originaria es una psicología colectiva -tema incorporado alpsicoanálisis desde Tótem y tabú-, la noción de ideal del yo se elaborará sobre la base de lagénesis social, y no ya del análisis del psiquismo individual, patológico o normal: Psicología de lasmasas y análisis del yo, publicado en 1921, fue dos años anterior a El yo y el ello (1923). Elprimero de estos ensayos, dedicado al alma colectiva, continúa a Tótem y tabú (1912), al que porotra parte el texto nos remite, en el inicio del capítulo «Un grado en el interior del yo»; el segundoensayo aportará a la concepción del ideal del yo la contribución de la segunda tópica, en cuantoésta hace del ello la matriz de la socialización de ese ideal.«Creo que nos resultaría ventajoso seguir las sugerencias de un autor que, por motivospersonales, querría persuadimos, sin lograrlo, de que no tiene nada que ver con la cienciarigurosa y elevada. Este autor es G. Groddeck, quien no cesa de repetir que lo que llamamosnuestro yo se comporta en la vida de una manera totalmente pasiva; que, para servirnos de suexpresión, somos "vividos" por fuerzas desconocidas que escapan a nuestro dominio. Todoshemos experimentado impresiones de este tipo, aunque no siempre hayamos sufrido su influencia al punto de volvemos inaccesibles con toda otra impresión, y no vacilamos en acordara la manera de ver de Groddeck el lugar que le corresponde en la ciencia. Yo propongo que sela tenga en cuenta llamando yo a la entidad que tiene su punto de partida en el sistema P y quees, en primer lugar, preconsciente, y reservando la denominación de ello (Es) a todos los otroselementos psíquicos en los cuales el yo se prolonga comportándose de una manerainconsciente.»El interés de esta referencia es claramente explicitado por una nota ulterior de Freud: «Ahoraque hemos logrado separar el yo del ello, debemos reconocer que es este último el queconstituye el gran reservorio de la libido, en el sentido primario de la palabra. En cuanto a la libidoque el yo recibe como consecuencia de las identificaciones que describimos, ella es la fuente del"narcisisino secundario"».En efecto, la disociación del yo y el ello conduce a una reinterpretación del ideal en laperspectiva de una génesis de la socialización -no ya en la indeterminación de la sociedadglobal, sino en la asignación de las relaciones originarias de socialización, al amparo de laidentificación-.«El ideal del yo -escribe Freud- representa la herencia del complejo de Edipo y, en consecuencia,la expresión de las tendencias y destinos libidinales más importantes del ello. Por medio de sucreación el yo se volvió amo del complejo de Edipo y al mismo tiempo se sometió al ello. Mientrasque el yo representa esencialmente al mundo exterior, la realidad, el superyó se le opone entanto representante de los poderes del mundo interior, o sea, del ello. Y debemos esperar que,en último análisis, los conflictos entre el yo y el ideal reflejen la oposición que existe entre elmundo exterior y el mundo psíquico.»Con respecto al desarrollo general del pensamiento freudiano, la base que aporta de tal modo lasegunda tópica a la concepción de la idealización, contribuye de manera decisiva a la refutaciónde Jung. Este pretendía desexualizar la libido, a fin de constituirla en un poder de sublimación.Freud, por el contrario, presenta bajo la forma del ello una fuente de sexualización, de unasexualización que toma por objeto al padre y la madre en las condiciones fijadas en el momentodel ocaso del complejo de Edipo.«En efecto, es fácil mostrar -escribe Freud que el ideal del yo satisface todas las condiciones alas cuales debe satisfacer la esencia superior del hombre. En tanto que formación sustitutiva dela pasión por el padre, contiene el germen del que han nacido todas las religiones. Al medir ladistancia que separa su yo del yo ideal, el hombre experimenta ese sentimiento de humildadreligiosa que es parte integrante de toda fe ardiente y apasionada. En el curso del desarrolloulterior, el rol del padre habría sido asumido por maestros y autoridades cuyos mandamientos yprohibiciones han conservado toda su fuerza en el ideal del yo y ejercen, bajo la forma deescrúpulos de conciencia, la censura moral. » Como resultado, así se encontrarán también decantadas las etapas de la génesis del yo.Se subrayará de entrada que «el yo es una parte del ello que ha sufrido modificaciones bajo lainfluencia directa del mundo exterior, y por intermedio de la conciencia-percepción. En ciertamedida, representa una prolongación de la diferenciación de las superficies. También seesfuerza por transmitir al ello la influencia del mundo exterior, intenta reemplazar por el principiode realidad el principio de placer que reina sin restricciones en el ello». Más precisamente, «lovemos formarse a partir del sistema P (percepción), que constituye como su núcleo, y abarcarde entrada el preconsciente, que se basa en las huellas mnémicas». De este modo se amplía,para abarcar al yo, la tesis desarrollada en el artículo «Lo inconciente», según la cual «ladiferencia real entre una representación inconsciente y una representación preconsciente (idea)consistiría en que la primera se relaciona con materiales que siguen desconocidos, mientras quela preconsciente estaría asociada a una representación verbal».Primer intento de caracterizar lo inconsciente y lo preconsciente sin recurrir a sus relacionescon la conciencia. El interrogante de «cómo algo se convierte en consciente» puedereemplazarse con ventaja por el de «cómo algo se convierte en preconsciente». Respuesta:«gracias a la asociación con las representaciones verbales correspondientes».Al «término de su desarrollo», «la importancia funcional del yo consiste en que, en una situaciónmoral, es él quien controla los accesos a la motilidad. En sus relaciones con el ello, se lo puedecomparar con el jinete encargado de dominar la fuerza superior del caballo, salvo que el jinetedomina al caballo con sus propias fuerzas, mientras que el yo lo hace con fuerzas que no sonsuyas. Esta comparación puede llevarse un poco más lejos. Así como al jinete, si no quieresepararse del caballo, a menudo no le queda más posibilidad que conducirlo a donde el animalquiere ir, también el yo traduce por lo general en acción la voluntad del ello, como si fuera supropia voluntad».Sin duda, parece entonces «plausible admitir que esta energía que anima al yo y al ello, energíaindiferente y capaz de desplazamientos, proviene de la reserva de libido narcisista, es decir querepresenta una libido (Eros) desexualizada. Las tendencias eróticas, en efecto, nos parecen deuna manera general más plásticas, más capaces de derivación y desplazamiento que lastendencias destructivas. Se puede prolongar esta hipótesis suponiendo que esta libido, capazde desplazamiento, trabaja al servicio del principio de placer, al prevenir las detenciones yestancamientos y facilitar las descargas».No obstante, «si es cierto que esta energía capaz de desplazamiento representa una libidodesexualizada, también puede decirse que es energía sublimada, en el sentido de que ha hechosuya la principal intención de Eros, que consiste en reunir y ligar, en realizar la unidad queconstituye el rasgo distintivo o, por lo menos, la principal aspiración del yo. Al vincular, con estaenergía capaz de desplazamiento, los procesos intelectuales en el sentido amplio de la palabra,se puede decir que el trabajo intelectual es a su vez alimentado por impulsos eróticos sublimados».Así se confirma, en la construcción de la segunda tópica, la primacía dada a la perspectivasocial en el abordaje de los problemas.Sin embargo, «el nacimiento del yo y su separación del ello depende también de otro factor,además de la influencia del sistema P. El cuerpo propio del individuo, y sobre todo su superficie,constituyen una fuente de la que pueden emanar a la vez percepciones externas ypercepciones internas. Se lo considera como un objeto extraño, pero proporciona al tacto dosvariedades de sensaciones, una de las cuales puede asimilarse a una percepción interna. Porotra parte, la psicofisiología ha demostrado, suficientemente, de qué modo nuestro propio cuerpose destaca a partir del mundo de las percepciones. El dolor también parece desempeñar unpapel importante en estos procesos, y la manera en que adquirimos un nuevo conocimiento denuestros órganos en las enfermedades. dolorosas quizá nos permita hacemos una idea de cómollegamos a la representación de nuestro cuerpo en general».En síntesis, concluirá Freud, si se puede vincular con el inconsciente un sentimiento de culpa, «elyo consciente representa nuestro cuerpo». Más precisamente, «el yo es ante todo una entidadcorporal, no sólo una entidad que está toda en superficie, sino una entidad que corresponde a laproyección de una superficie. Para servirnos de una analogía anatómica, lo compararíamos debuena gana con el "homúnculo cerebral" de los anatomistas, ubicado en la corteza cerebral, conla cabeza abajo, los pies arriba, los ojos mirando hacia atrás y la zona del lenguaje a laizquierda».Como última etapa, si el examen de la regresión del yo demostró ser decisivo para la elaboraciónde la noción del ello, la introducción de la concepción energética del ello ejerció su influencia -enla perspectiva de la nueva teoría de la angustia- sobre la concepción freudiana de las funcionesdel yo, para desembocar, en Inhibición, síntoma y angustia, no ya en la noción de defensa, sinoen una considerable ampliación de la misma.«En el curso de mis explicaciones acerca del problema de la angustia, he retomado un concepto-o, para hablar más modestamente, un término- del que sólo me había servido al principio de mistrabajos, hace treinta años, y que más tarde abandoné. Me refiero a la expresión "proceso dedefensa". Después lo reemplacé por el de represión, sin que fuera precisada la relación entreambos conceptos. Pienso ahora que hay una ventaja cierta en volver al viejo concepto dedefensa, pero postulando que debe designar de manera general todas las técnicas de que sesirve el yo en sus conflictos, que pueden eventualmente llevar a la neurosis, mientras quereservamos el término represión para uno de esos métodos de defensa en particular, que laorientación de nuestras investigaciones nos permitió al principio conocer mejor que los otros.Primero, aprendimos a conocer la represión y la formación sintomática en el caso de la histeria;observamos que el contenido perceptivo de experiencias generadoras de excitación, elcontenido representativo de formaciones ideativas patógenas, es olvidado, excluido del proceso de reproducción en el recordar, y por ello reconocimos en el mantenimiento fuera de laconciencia una característica principal de la represión histérica. Más tarde, estudiamos laneurosis obsesiva y descubrimos que en esta afección los acontecimientos patógenos no estánolvidados». «La continuación de nuestras investigaciones nos ha enseñado que, en el caso dela neurosis obsesiva, por el hecho de que el yo se rebela contra las mociones pulsionales, sellega a la regresión de estas mociones a una fase anterior de la libido, regresión que, sin hacersuperflua una represión, obra manifiestamente en el mismo sentido que ella. Hemos visto ademásque la contrainvestidura, cuya existencia también hay que admitir en la histeria, desempeña en elcaso de la neurosis obsesiva un papel particularmente grande en la protección del yo, con laforma de modificación reactiva del yo.»«Lo que hemos aprendido basta para justificar la reintroducción del viejo concepto de defensa,que permite englobar todos estos procesos que ponen de manifiesto una misma tendencia -laprotección del yo contra las exigencias pulsionales-, y subsumir la represión, como casoparticular, en este concepto. El interés que adquiere la elección de esta denominación seacrecienta si uno considera que la profundización de nuestros estudios podría revelar laexistencia de una correspondencia íntima entre determinadas formas de defensa y determinadasafecciones -por ejemplo, entre la represión y la histeria-. Yendo más lejos, esperamos descubrirotra correlación importante. Es muy posible que antes de que el yo y el ello sean diferenciadoscon nitidez, antes de la formación de un superyó, el aparato psíquico utilice métodos de defensadistintos de los que emplea una vez alcanzados esos estadios de organización.»En definitiva, la investigación freudiana conservaba un dualismo en la construcción del yo,dividido entre el anonimato pulsional y su organización con el concurso de las «huellasverbales». Su elaboración en Lacan consistió en un doble trayecto, cuya operación se aplicósimétricamente a los dos registros para poner de manifiesto un vaciamiento común. En la esferapulsional, entendida a partir de la castración, la pulsión freudiana, «concepto fronterizo entre loorgánico y lo psíquico», encontraba su equivalente en las «demandas» de Lacan, obligadas asatisfacer la exigencia de la necesidad por los desfiladeros del significante y, en consecuencia,a hacer que la satisfacción dependiera del «Otro»; en efecto, el falo se definirá comosignificante de esta relación, y la castración, como la carencia de ese significante en el lugardonde se articula el sujeto: vaciamiento de lo simbólico. Lacan no dejará de subrayar su analogíacon el vaciamiento constitutivo del yo en el estadio del espejo.Si uno se interroga sobre las condiciones en las que quedan conjugados estos dos aspectos delyo, se ve remitido a la teoría general de las relaciones entre lo imaginario y lo simbólico -y enparticular, a la representación de los nudos borromeos-

Cuarta Fuente...

Yo

Alemán: Ich.
Francés: Moi.
Inglés: Ego.

Fuente(4)


Término empleado en filosofía y en psicología para designar a la persona humana en tanto queella es consciente de sí misma y objeto del pensamiento.Retomado por Sigmund Freud, el vocablo designó en un primer momento la sede de la conciencia. El yo estaba entonces delimitado en un sistema denominado primera tópica, quecomprendía el consciente, el preconsciente y el inconsciente.A partir de 1920, el término cambió de estatuto, conceptualizado por Freud como una instanciapsíquica en el marco de una segunda tópica, con otras dos instancias: el superyó y el ello. El yoaparecía entonces como en gran parte inconsciente.Esta segunda tópica (yo/ello/superyó) dio origen a tres lecturas divergentes de la doctrinafreudiana. La primera subraya el yo, concebido como un polo de defensa o adaptación a larealidad (Ego Psychology, annafreudismo); la segunda sumerge al yo en el ello, lo escinde en unmoi y un je (sujeto), a su vez determinado por un significante (lacanismo); la tercera incluye al yoen una fenomenología del sí-mismo y de la relación de objeto (Self Psychology, kleinismo).Henri F. Ellenberger puso de manifiesto una severidad excesiva, al escribir, a propósito de lasegunda tópica freudiana, que "el yo no es más que un antiguo concepto filosófico con un nuevoropaje psicológico". Por cierto, Freud no inventó el término, así como tampoco creó los deinconsciente y consciente. La idea del yo, a menudo sinónimo de conciencia, está en efectopresente en las obras de la mayoría de los grandes filósofos, sobre todo alemanes, desdemediados del siglo XVIII. Y, ante las experiencias de Mesmer, Wilhelm von Schelling (1775-1854)y Johann Gottlieb Fichte (1762-1814) relativizaron la importancia del yo en sus concepciones delfuncionamiento mental. Estas referencias filosóficas constituyeron el telón de fondo contra elcual se desplegaron las primeras etapas de una psiquiatría dinámica que intentaba desprendersede las concepciones organicistas del funcionamiento del espíritu humano.Se puede entonces considerar a Wilhelm Griesinger (1817-1869), inspirador de TheodorMeynert, como uno de los precursores de Freud. Designado en 1860 director del novísimohospital psiquiátrico de Zurich, el Burghölzli, Griesinger se contó entre los primeros psiquiatraspara los que la mayor parte de los procesos psicológicos correspondían a una actividadinconsciente. Elaboró una psicología del yo, considerando que las distorsiones de ésteresultaban del conflicto con las representaciones que no podía asimilar.Meynert, cuyos cursos siguió Freud en 1883, formuló por su parte una concepción dual del yo,distinguiendo entre el yo primario, parte inconsciente de la vida mental originada en la infancia, yel yo secundario, ligado a la percepción consciente.La huella de esta enseñanza se encuentra en la primera gran elaboración teórica de Freud, su"Proyecto de psicología". Desde ese momento (y allí se sitúa el aporte freudiano), el yo apareceinscrito en la trama del análisis del conflicto psíquico. De modo que, en esa primera síntesisteórica, que evoca el conflicto entre la "atracción provocada por el deseo" y la tendencia a larepresión, cuyo teatro es el sistema neuronal afectado por las excitaciones endógenas, Freuddetecta la existencia de una "instancia" cuya presencia obstaculiza el paso de las cantidadesenergéticas cuando ese flujo es acompañado de sufrimiento o satisfacción. "Esta instancia -dice Freud- se denomina el «yo» [ ... ]. Describimos [ ... ] el yo diciendo que constituye en todomomento la totalidad de las investiduras de ese sistema neuronal." Este yo tiene un modo doblede funcionamiento: trata de liberarse de las investiduras de la que es objeto buscando lasatisfacción y, por medio de un procedimiento que Freud denomina inhibición, procura evitar larepetición de experiencias dolorosas.Incluso antes de la redacción del "Proyecto", Freud abordó el papel del yo en esas elaboracionespreliminares que eran los manuscritos enviados a Wilhelm Fliess. Por ejemplo, el 24 de enero de1895, en el manuscrito H, habla de la naturaleza de las relaciones conflictivas con el yo. Lasformas que adquiere ese conflicto permiten distinguir las diferentes afecciones psíquicas, lahisteria, las ideas obsesivas, las confusiones alucinatorias y la paranoia. En una carta a Fliess el16 de diciembre de 1896, en la cual, por primera vez, aparece la idea de aparato psíquico, el yo,calificado de "oficial", es asimilado al preconsciente. Pero esta característica no es retomada enel capítulo VII de La interpretación de los sueños, donde aparece completamente teorizada laprimera tópica.Más tarde, en los Tres ensayos de teoría sexual, el yo es pensado como el lugar de un sistemapulsional del que se diferenciarán por apuntalamiento las pulsiones sexuales, llamadas aconvertirse en completamente distintas. Las pulsiones del yo están entonces al servicio de laautoconservación del individuo, e incluyen el conjunto de las necesidades primarias orgánicasno sexuales.La refundición que comienza con la introducción, en 1914, del concepto de narcisismo,contribuye a darle al yo un lugar de primer plano. En la estela de los trabajos de Karl Abraham, elestudio de la psicosis permitió establecer que el yo podía ser la sede de una investidura libidinal,lo mismo que cualquier objeto exterior. Aparecía así una libido del yo, opuesta a la libido deobjeto; Freud postulaba la hipótesis de un balanceo entre una y otra. En adelante, el yo no teníasólo el rol de mediador con la realidad exterior, sino que era también objeto de amor y, en virtudde la distinción entre el narcisismo primario (que supone la existencia de una libido en el yo) y elnarcisismo secundario, se convertía en un depósito de libido.Con el artículo "Duelo y melancolía", publicado en 1917, Freud introdujo otras modificacionesimportantes , en particular la idea de una diferenciación funcional que se produce a partir del yo.Una parte del yo, instancia de orden moral, se instala en posición crítica ante la parte restante.Esta diferenciación, ya bosquejada en el texto sobre el narcisismo, constituyó la primera versiónde lo que se convertiría en el ideal del yo y después en el superyó.Finalmente, el yo es afectado en su constitución misma por el proceso de la identificación: enciertos casos puede llevar la huella, el rasgo único, de la relación con un otro. La identificacióncon ese rasgo puede desembocar en la transformación del yo siguiendo "el modelo" de ese otro.En Psicología de las masas y análisis del yo, son las identificaciones de los individuos en su yolas que, regidas por la instalación de un solo y mismo objeto en el ideal del yo de cada uno, van a permitir la constitución de una multitud organizada.En 1923, en El yo y el ello, el yo pasa a ser una de las instancias de esa segunda tópicacaracterizada por un dualismo pulsional que opone las pulsiones de vida a las pulsiones demuerte.El yo sigue siendo el punto de anclaje defensivo ante las excitaciones internas y externas; supapel consiste en poner freno a los desencadenamientos pasionales del ello y reemplazar elprincipio de placer por el principio de realidad; provisto de lo que Freud denomina una "calotaacústica", lugar de recepción de las huellas mnémicas dejadas por las palabras, el yo está en elnúcleo del sistema de percepción; finalmente, ayudado por el superyó, participa en la censura.Ahora bien, la novedad consiste en primer lugar en que una parte del yo ("y Dios sabe qué parteimportante del yo", insiste Freud) es inconsciente. No en el sentido latente del preconsciente(continúa Freud), sino más bien en el sentido pleno del término inconsciente, puesto que laexperiencia psicoanalítica demuestra justamente hasta qué punto es difícil, o incluso imposible,llevar hacia el consciente esas resistencias arraigadas en el yo que se comportan "exactamentecomo lo reprimido".En esta segunda tópica, el yo "es la parte del ello que ha sido modificada bajo la influenciadirecta del mundo externo por intermedio del Pc-Cs [el sistema percepción-conciencia] [ ... ] esde alguna manera una continuación de la diferenciación superficial". Freud añade que "el yo esante todo un yo corporal". En consecuencia, hay que concebirlo como una proyección mental dela superficie del cuerpo.Una vez inventariadas las funciones respectivas del superyó y el ello, Freud vuelve a suconcepción del yo, presentándola en un cuadro trágico, concordante con su idea de la condiciónhumana. Contrariamente a la imagen que se da en la ciencia, en realidad "el yo no es el amo ensu propia casa": "Vemos ahora al yo con su fuerza y sus debilidades. Está encargado defunciones importantes; en virtud de su relación con su sistema de percepción, establece elordenamiento temporal de los procesos psíquicos y los somete a la prueba de realidad. Alintercalar los procesos de pensamiento, logra diferir las descargas motrices y domina el accesoa la motilidad. Este último dominio es sin embargo más formal que fáctico, pues el yo, en larelación con la acción, tiene por así decirlo la posición de un monarca constitucional sin cuyasanción nada puede convertirse en ley, pero que mira mucho antes de oponer su veto a unaproposición del parlamento.[ ... ] vemos a este mismo yo como una pobre criatura, que debe servir a tres amos y sufre enconsecuencia la amenaza de tres peligros: el mundo externo, la libido del ello y la severidad delsuperyó.-Después de Freud, el yo, su concepción y las funciones de las que se supone es la sedeconstituirían un punto de disputa teórico y político a partir del cual se instituyeron corrientescontradictorias en el movimiento psicoanalítico. Dos de ellas, llamadas a volverse dominantes en el psicoanálisis norteamericano -elannafreudismo y la Ego Psychology-, se formaron, precisamente, en torno de Anna Freud yHeinz Hartmann, para privilegiar al yo y sus mecanismos de defensa, en detrimento del ello, elinconsciente y el sujeto. De esta manera contribuyeron a hacer del psicoanálisis una terapia deadaptación del yo a la realidad.Como reacción a esta normalización, Heinz Kohut retomó el concepto de self (sí-mismo),introducido en 1950 por Hartmann, para trazar una distinción con el ego, y elaboró una teoría delaparato psíquico en la cual el self aparece como una instancia particular que permite dar cuentade las afecciones narcisistas.Otras dos corrientes, el kleinismo y el lacanismo, han adoptado una orientación radicalmenteopuesta, con un enfoque de "retorno al inconsciente", pero por caminos muy distintos.Melanie Klein pone el acento en la fase preedípica del desarrollo psíquico, y dirige su atención alestudio de las relaciones arcaicas madre-hijo y a su contenido pulsional negativo; JacquesLacan se volvió en primer término hacia el análisis de las condiciones de emergencia de unsujeto del inconsciente, tomado en su origen en la trampa del yo, constitutivo de ese registro delo imaginario llamado a convertirse en 1953 en una de las instancias de su tópica, junto con loreal y lo simbólico.Para Lacan, el yo, como núcleo de la instancia imaginaria, se distingue en la fase llamada delestadio del espejo. El niño se reconoce en su propia imagen; en ese movimiento tiene la garantíade la presencia y la mirada del otro (la madre o un sustituto) que lo identifica, lo reconoce almismo tiempo en esa imagen. Pero en ese instante el yo (¡e) es por así decirlo captado por eseyo (moi) imaginario: en efecto, el sujeto, que no sabe lo que es, cree que es ese yo (moi) que veen el espejo. Se trata de un señuelo, puesto que el discurso de ese yo (moi) es un discursoconsciente que hace "semblante", simula ser el único discurso posible del individuo, pero enrealidad, como en filigrana, está también el discurso no manejable del sujeto del inconsciente.Sobre esta base se puede comprender la interpretación lacaniana de la célebre frase de Freuden las Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis: " Wo Es war, soll Ich werden".Lacan traduce esta frase como sigue: "Allí donde estaba eso [ello], debo advenir yo (je)". Para élse trata de mostrar que el yo (moi) no puede venir en lugar del ello, sino que el sujeto (je) debeestar allí donde se encuentra el ello, determinado por él, por el significante.

Última edición por Psico; 31-Oct-2008 a las 16:14 Razón: Mensajes fusionados automaticamente por el sistema (anti-flood post), esta prohibido hacer doble post en este Foro.
Psico está desconectado  
Antiguo 12-Mar-2011, 08:31   #4
Forerito
 
Avatar de Ganeto
 
Ingreso: 09-July-2010
Edad: 31
Mensajes: 51
Ganeto está en el buen camino
Predeterminado Respuesta: El YO, distintas fuentes sobre un mismo tema

Muy interesante pero los puntos y a parte hacen que la lectura sea más distendida.
Ganeto está desconectado  
Crear Nuevo Tema  Respuesta

Etiquetas
distintas, fuentes, tema

Herramientas


Desarrollado con: vBulletin®
Derechos de Autor ©2000 - 2014, Jelsoft Enterprises Ltd.