Veamos un pequeño fragmento de esta obra.
De noche
Vivo de noche.
Mis sentidos me describen con total precisión cuanto acontece a mi alrededor. Todo aquello que resulta invisible a aquellos que conviven conmigo resulta diáfano y brillante ante mi percepción.
Alzo el rostro hacia la negra bóveda celeste y exhalo un quedo suspiro. Quizá sólo se trate de un nostálgico
recuerdo de mi anterior existencia, de algo que fue siempre tan natural como la propia vida y que ahora queda tan distante y olvidado, pues mis atrofiados pulmones ignorarían lo que es un soplo de oxígeno si no fuera porque necesito aire para hacer vibrar las cuerdas vocales que me permiten hablar.
En ese corto suspiro, esa falsa bocanada de vida, aspiro el perfume que brota de la piel de aquella muchacha asomada en la ventana, de su corto y húmedo cabello, perdida su mirada en las estrellas, sólo un poco más arriba de donde me sitúo yo, anclado en las sombras de este desvencijado tejado. El tufo a contaminación
y a cubos de basura ha quedado ya anulado de mi olfato, tantos años que llevo habitando esta ciudad.
Pero el terrible pestazo a fritura que comienza a brotar de esa cocina se me está comenzando a pegar al paladar
y las nauseas se apoderarían de mi viejo estómago si no fuera por su propio deterioro. Supongo que, si pudiera comprobar el estado en el que se encuentra, también rompería en graves arcadas.
No tengo hambre. O sed. Esa distinción dejó de tener sentido hace... ¿cuánto? ¿Diez años? ¿Veinte? En verdad lo ignoro, la ciudad no ha cambiado tanto como para comparar el tiempo que ha transcurrido desde que caminaba sobre aquellas calles de ahí abajo y era yo quien se sentía como una posible víctima. Aunque, pensándolo de otro modo, esta ciudad no ha cambiado nada en demasiados años, y no tiene visos de que esto vaya a ser distinto ni ahora ni en un futuro.





