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Caballeros, Caballería y Hechos Heroicos
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Caballeros, Caballería y Hechos Heroicos

Esta es una discusión en el tema Caballeros, Caballería y Hechos Heroicos dentro del foro Historia y Mitología, parte de la categoría TEMÁTICOS; En la primera parte de El libro de Alexandre, reelaboración medieval del mito alejandrino, asistimos a la exaltación de las virtudes del héroe. Alejandro Magno se conduce como sabio, como caballero y como hombre cristiano. Sus conocimientos adquiridos reciben una aplicación práctica. El pasaje de esta condición cristiana a su ...


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05-Sep-2008  
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Alejandro Magno,otro Héroe Caballeresco



En la primera parte de El libro de Alexandre, reelaboración medieval del mito alejandrino, asistimos a la exaltación de las virtudes del héroe. Alejandro Magno se conduce como sabio, como caballero y como hombre cristiano. Sus conocimientos adquiridos reciben una aplicación práctica. El pasaje de esta condición cristiana a su condición pecadora se materializa cuando, frente a la experimentación de los límites del mundo, la curiosidad lo lleva a infringir los límites de universo conocido.

En El libro de Alexandre, el héroe es presentado como un caso particular, una figura ambivalente en quien se combinan el extraordinario aprendizaje de los saberes considerados ideales junto con la voluntad de quebrar los esquemas del conocimiento de esta sociedad tradicional basados en la mera acumulación de saberes conocidos. La utilización de ejemplos es una estrategia característica de los modos de presentación del saber en la Edad Media, empleada en las colecciones de exempla, sermonarios y tratados didácticos y morales de la época. "Para un saber estático de finalidad moral, nada más adecuado que el ejemplo". Dentro de esta tradición debemos enmarcar la producción de El libro de Alexandre.

Además de su caracter estático, el saber, en la Edad Media, tiene un carácter de aplicación práctica a la conducta de la vida. Un saber que no trasciende al campo de la acción es considerado un saber vano. San Bernardo condena la vana erudición desde sus Sermones sobre el Cantar de los Cantares:

"...no aprender por vanagloria, o por curiosidad,
o por algo semejante, sino sólo para tu propia
edificación o la del prójimo. Porque hay quienes
quieren saber con el único fin de saber,
y es torpe curiosidad"
Sermón 36

La condena que recibe Alejandro Magno en El libro de Alexandre adquiere verdadera significación cuando analizamos la obra desde las condiciones de su producción: el exemplum negativo encarnado en el destino de Alejandro sirve a los propósitos clericales de la época inscribiéndose dentro de una tradición de didactismo moralizante. La intencionalidad del autor se vincula directamente con la defensa de las concepciones estática y pragmática de los saberes y con un modelo de sabio que debe practicar tanto la clerecía como el cristianismo.

El fundamento de la medievalización de las fuentes épico-latinas alejandrinas en El libro de Alexandre es la recreación de una dimensión moral y cristiana a través de la subordinación de la sabiduría profana a una verdad religiosa superior. "La intencionalidad didáctica explica la transformación medievalizante de la narración clásica".

"A [una] vida social condicionada por las posibilidades naturales (...) se corresponde una noción de saber que, como la cosecha, se repite y se deposita para hacer posible la satisfacción de unas necesidades de abastecimiento que permanecen no menos inalterables" . La concepción estática del saber es la que domina en el hombre de la Edad Media bajo la forma de un depósito de saberes fijos, universales y completos; sólo queda repetir estos conocimientos establecidos.

Concepción estática de la vida facilitada por los condicionamientos de las circunstancias técnicas y económicas e ideas conservadoras del saber y de la sociedad que funcionan dentro del dispositivo de una mentalidad basada en la repetición de modelos en tanto se aspira al mantenimiento de las estructuras vigentes.

La idea medieval de saber no presenta puntos de contacto con nuestra concepción moderna de creatividad, originalidad e investigación aplicada a los saberes, sino básicamente con la reproducción y comunicación de conocimientos fijos; aquél que aspire a la sabiduría no se preocupará por ensanchar los dominios de su conocimiento sino por apropiarse de lo ya conocido. El saber se aprehende; esta es la noción que subyace a la sentencia "aprende el saber", que aparece en Flores de Filosofía.



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08-Sep-2008  
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La Formación del Héroe en la Caballería y la Clerecía

La necesidad de la puesta en práctica del saber también aparece indicada en el prólogo de Calila y Dimna:

“dicen que el saber no se acaba sino con la obra,
y el saber es como el árbol y la obra es la fruta,
y el sabio no demanda el saber sino por aprovechar
de él”

Podemos caracterizar desde este punto las formas del saber que aparecen en El libro de Alexandre. La primera parte de la obra se constituye como el período de formación del héroe en el mundo de la clerecía y la caballería:

16 “Su padre, a los siete años le puso a aprender;
dióle maestros buenos, de seso y buen saber,
los mejores que pudo en Grecia escoger
que de las siete artes supiesen entender”

En este fragmento, el poeta alude al ciclo de los estudios establecidos desde el primer renacimiento carolingio, que consta de siete "artes liberales". Tres disciplinas de iniciación, que conforman el trivium: la gramática, la retórica —aprendizaje del discurso— y la dialéctica —aprendizaje del razonamiento— y cuatro disciplinas terminales (quadrivium): aritmética, geometría, astronomía y música. Estas siete vías del saber conducen a la teología.

Si bien no accedemos al proceso de aprendizaje de Alejandro, más tarde esta información es recordada retrospectivamente por él en su conversación con el maestro Aristóteles. Allí nos enteramos de la confirmación de la suma de los saberes adquiridos por él: la gramática: "escribo y versifico, conozco la figura, de memoria yo sé autores y lectura", los argumentos de lógica: "yo puedo a un contrario poner en mal lugar", la retórica: "sé hermosamente hablar, adornar mis palabras y a todos contentar", otros conocimientos útiles como la medicina: "sé interpretar el pulso y el líquido orinal", la música: "sé hacer gustosas notas, las voces concordar" y la astronomía: "de los signos solares o de su fundamento no se me oculta nada, ni siquiera un acento".

Sin embargo, estos únicos saberes —el ejercicio de la clerecía, como lo llama el Libro—, son incompletos para los propósitos que persigue Alejandro.

Además de esta cultura "escolar", Alejandro desea ser adiestrado en el manejo de las armas para iniciar su proyecto de liberación de Grecia del dominio persa . A partir de aquí comienza su iniciación caballeresca; desde los consejos del sabio Aristóteles en el regimiento de príncipes sobre táctica guerrera (los consejos de evitar la cobardía en la batalla, aprender a usar diestramente las armas, alentar a los soldados, apiadarse de los enemigos) hasta la ceremonia de su investidura como caballero, cuando se calza su ropas de guerrero y eleva a Dios una oración ofreciendo sus dones y pidiendo su bendición.

Alejandro entonces, preparado en las artes y en las armas, va "en busca de aventuras por su valor probar", lo cual marca el inicio de una vida heroica y la exposición práctica de los conocimientos adquiridos, conforme con la idea medieval de utilidad y aplicación de los saberes.
El éxito de sus conquistas son una muestra de las habilidades que posee como estratega y de su destreza en el manejo de las armas; la camaradería que Alejandro tiene con sus vasallos en lo que se refiere a repartir los botines de guerra, escuchar sus consejos y compartir sus decisiones y la cantidad de comentarios eruditos de Alejandro, como la larga disgresión sobre la guerra de Troya, son muestras de las dimensiones de su sabiduría. Estos dos aspectos configuran la doble formación del héroe, la caballería y la clerecía.

Además de la descripción de la capacidades de Alejandro, aparecen desplegados en el texto algunos de los saberes anteriormente agrupados bajo el nombre de artes liberales. Los saberes médicos son encarnados por los médicos Filipo y Cristóbolo, que curan a Alejandro respectivamente de un enfriamiento y de las heridas producidas durante la toma de Sudatra; los saberes astronómicos aparecen expresados en el pasaje que narra la explicación del eclipse de luna por el sabio Aristander de Egipto.
Las obras del escultor Apeles, que podríamos calificar de un saber "manual", también es digno de ser mencionado. El servicio que ofrece el poeta al escribir el Libro es otro de los saberes que aparecen nombrados en el texto, de cuyo arte afirma ser generoso pues si no "podría en culpa y en desdoro caer".

En esta primera parte del relato, donde aparece la exaltación de las virtudes del héroe, Alejandro se conduce como sabio, como caballero y como hombre cristiano. Sus conocimientos adquiridos reciben una aplicación práctica. El pasaje de esta condición cristiana a su condición pecadora se materializa cuando, frente a la experimentación de los límites del mundo, la curiosidad lo lleva a infringir los límites de mundo conocido

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08-Sep-2008  
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Las Conquistas de Alejandro, El Grande

El saber, para los pensadores medievales, está cifrado en figuras simbólicas: un mundo de signos que remite a una ultrarrealidad que es la que cuenta. Podemos detenernos en la iconografía simbólica de las decoraciones que aparecen en la tienda de campaña de Alejandro, que ha montado antes del episodio final de su muerte.

El paño de la tienda presenta un mapamundi, cuya descripción coincide con la concepción medieval del mundo que se manejó hasta el siglo XI en los tratados eruditos como las Etimologías isidorianas y La general Estoria: "Se pensaba que el mundo conocido era un área circular u oval, dividida en tres continentes. Asia era la parte de Oriente y estaba separada de Europa por el Tanais o río Don y de Africa por el Nilo, mientras que el Mediterráneo separaba Europa de Africa".

La Tierra aparece configurada como una esfera rodeada por el mar, a manera de cruz griega cortada por dos ríos que la dividen en tres partes: Asia, Africa y Europa. Estas tres partes del mundo son las que Alejandro observa desde el cielo durante su viaje aéreo; el poeta establece una homología entre el macrocosmos y el microcosmos al atribuírle a cada continente y a otros elementos de la naturaleza como la hierba, el mar, las rocas y los ríos un correlato con algún elemento del cuerpo humano:

2508 Lo solemos leer, dícelo la escritura
que nuestro mundo tiene del hombre la figura

La presentación de esta visión medieval del cosmos como hombre, que "venía aceptándose casi unánimemente desde siglos atrás, y pocos clérigo dejarían de conocerla glosada en más de un sentido", teniendo en cuenta el dominio que Alejandro logra sobre los tres continentes homologados con el cuerpo humano, es una estrategia literaria que funciona con el objetivo de mostrar las dimensiones que adquiere la ambiciosa empresa alejandrina.
La posesión del mundo por Alejandro opera en dos niveles diferentes del relato: posee al mundo simbólicamente en el paño de su tienda pero también lo domina literalmente puesto que obtiene el pago de las parias de todo el mundo conocido, que lo reconoce como señor.

El itinerario de conquistas de Alejandro había sido el siguiente. Primero había conquistado algunas ciudades de Europa: Tesalia, Corinto, Tebas. Luego, en el Asia Menor, había rodeando las costas del mar Egeo, y conquistado las ciudades de Sardes, Efeso, Mileto, Paflagonia, Halis, Ancira, Capadocia, Tarso, Damasco, Sidón, Tiro, Gaza, Pentápolis, Jerusalén. Más tarde, en el Africa, llegó a Egipto donde fue fundada Alejandría, y continuó con la conquista de Arbela, Babilonia, Susa, Uxión, Persépolis, la Hircania, la Atrea, la Drangiana, la Gadrosia, la Arcosia, la Bactriana y la región de Escitia.

Además, fundó la ciudad de Bucefalia, tomó Sudatra y volvió a Babilonia. Es en su tienda de campaña, en Babilonia, cuando recibe las parias de "todas las tierras", se convierte en "Rey de todos los reyes" y se consolida pacíficamente su proyecto de dominación del resto del mundo.
La curiosidad geográfica, orientada hacia el viaje de conquista es una de las características primordiales de Alejandro. El sometimiento de las tierras conocidas, los viajes aéreo y submarino, el deseo de "ver los infiernos" lo configuran como un individuo que persigue descifrar misterios de tipo espacial, geográfico.

Cuando su curiosidad científica se impone sobre el afán guerrero y se presentan los límites físicos de la tierra es cuando irrumpe en él el deseo de conocer los secretos de otros mundos con la consecuente dominación de los cuatro elementos (tierra: Asia, Africa, Europa; aire: cielo; agua: mares; fuego: Infierno), que puede entenderse como un gesto de curiosidad intelectual, de codicia material y de soberbia en tanto confía en su derecho a poseerlo y en su capacidad de descifrarlo.

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08-Sep-2008  
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Artes, Letras Y Religión en El Libro De Alexandre

Alejandro Magno es el ejemplo de quien ha superado todos los grados posibles de sabiduría, quien domina todas las habilidades valoradas de la época: las artes liberales, la clerecía, la táctica bélica, la religión cristiana, además de poseer otras cualidades carismáticas como la valentía y la compasión, consideradas actitudes caballerescas; es su deseo desmedido de saber la causa que lo precipita hacia el pecado y lo convierte en un exemplum negativo de vida.

El otro episodio que marca la ruptura con el código tradicional del saber es el viaje de Alejandro al fondo del mar

2306 “Dicen que por saber qué hacen los pescados,
cómo vivían los chicos entre los más granados,
en gran cuba de vidrio con bordes bien cerrados,
metióse Alejandro con dos de sus criados”

Alejandro estudia el comportamiento de los peces y deduce que en el mundo submarino se utilizan las mismas actitudes que en el mundo humano ("Entonces vio el rey en aquellas andadas cómo tendían los unos a los otros celadas"), que son producto de la soberbia generalizada de los diferentes reinos de la Naturaleza.
También concluye que el miedo que los peces experimentan frente a su presencia es signo del sometimiento de los pueblos del mar ante su autoridad ("Juró Alejandro visto lo allí encontrado...y pensó que otro imperio había allí ganado").
La mirada de Alejandro se asemeja a la mirada del científico que experimenta, extrae hipótesis y conclusiones a partir del método de observación. Para Dios, sentenciar tales juicios es caer en pecado, un pecado capital, que resulta de juzgar los errores ajenos sin mirar los propios.
Aquí se contradicen dos visiones de mundo, la científica y la teológica; a causa de ello decide castigarlo con la muerte. La protesta que Natura presenta a Dios se fundamenta en el argumento de que Alejandro intenta usurparle el derecho de sus dominios naturales y conocer "cosas que hombre ninguno llegó a conocer". Intentar entender las "cosas secretas", ocultas para el hombre es caer en el pecado de soberbia. Así, "la soberbia es un pecado intelectual, un deseo desmedido de saber, de conocer lo que está fuera del alcance del hombre, lo que Dios se reserva".

Los límites del mundo terrestre funcionan como límites del saber: cuando Alejandro intenta ensanchar los límites de su conocimiento, infringe la ley natural y sobreviene el castigo divino. La intervención de Dios en la condena de Alejandro es una medievalización fundamental; reelaboración de la materia clásica sobre la cual se construye todo el edificio moral del Libro.
Ninguna de las fuentes latinas de la obra presenta este elemento, ni en el Alexandreis, de Gautier de Chatillon, su fuente principal, en donde Natura se venga de Alejandro por sus propios medios, ni en otra fuentes secundarias, como el Roman d'Alexandre.

"En cuanto exponente de unos conocimientos clericales, el autor no podía dejar de alabar una parte de la personalidad del héroe, pero en cuanto transgresor de aspectos fundamentales en la sociedad medieval, Alejandro será condenado".
Intento de superación de la concepciones estática y pragmática del saber, y castigo divino: el Libro de Alejandro se convierte claramente en portador de la ideología de la época. En este punto advertimos cuáles son los límites del texto: la cosmovisión medieval que circunda y determina la producción de la obra , la intencionalidad que subyace en ella y nos ofrece un testimonio del horizonte de expectativas de la época, horizonte literario y moral.


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08-Sep-2008  
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Transmisión de las Hazañas Épicas

El origen del género épico hay que buscarlo entre las más antiguas expresiones que ha producido la cultura a la que pertenecemos. El poema épico emblemático de la literatura de Occidente es la Ilíada.
Que es emblemático significa que ofrece un modelo en cuanto a la manera de narrar, al tratamiento del tema y de las acciones, a la conformación de los personajes heroicos que son sus protagonistas y, también, es un modelo en tanto brinda un amplio repertorio de recursos estilísticos.
Este modelo se proyecta hasta la actualidad y puede ser reconocido en sus rasgos fundamentales, más allá de las transformaciones que se han ido sumando con el correr de los siglos.
Se atribuye la creación de la Ilíadaa Homero, quien se supone que la escribió en el año 750 a.C. cerca de la costa occidental de Anatolia. Homero –quien, como su obra, se ha convertido en paradigma del poeta– ofrece el resultado de una larga tradición que se remonta hasta, por lo menos, el 1200 a.C.
Por aquel entonces, los poetas eran llamados aedas, se encargaban de componer las historias y reelaborar las leyendas populares de memoria, sin ayuda de la escritura; las cantaban, además, acompañándose con instrumentos de cuerda sin caja de resonancia, como la célebre lira.
Épica es un término que proviene del griego antiguo; en su origen, significaba simplemente “palabra”; pero se utilizó para designar a la poesía narrativa heroica, es decir, aquella forma literaria que contaba en versos las hazañas de los héroes.
Si bien las formas más lejanas en el tiempo que se han conservado lo han hecho gracias a la escritura, el modo de su difusión en las civilizaciones que las crearon era oral.
El aeda, poeta o cantor congregaba a su auditorio en lugares públicos y lo deleitaba recordando las hazañas del invencible Aquiles, el honorable Héctor de Troya o el sabio y aventurero Odisea (más conocido como Ulises).
La transmisión oral exigía por parte del aeda un gran ejercicio de la memoria, aquella capacidad humana que los grandes filósofos griegos, como Sócrates y Platón, no se cansaron de alabar. La estructura en verso, las formas rítmicas fijas, las repeticiones de epítetos, adjetivaciones y fórmulas sintácticas completas facilitaban la tarea memorística


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08-Sep-2008  
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El Tiempo Legendario de la Épica

Obras como la Ilíada y la Odisea no eran simples textos “literarios”, en el sentido en que hoy entendemos tal adjetivo en relación con meros productos de la imaginación que entretienen y producen placer estético.
Ambas obras se utilizaban para la formación educativa de los jóvenes, para el conocimiento de la propia lengua, la historia y la geografía, la religión, y hasta para enseñar cuáles eran las armas que utilizaba un guerrero o cómo se orientaban aquellos que se hacían a la mar en pesados barcos.
Tal naturaleza pedagógica, decisiva en la formación de los niños y jóvenes, así como la dimensión sagrada y trascendente de los textos no permitían que los aedas contaran las hazañas pasadas “según sus propias palabras”: debían esforzarse por mantener sin modificaciones la versión original que ellos habían recibido, tarea para la cual debían perfeccionarse en sus aptitudes memorísticas.
Entre las principales características del relato épico, debe consignarse la ubicación temporal de los hechos narrados. Se trata de un pasado remoto, un tiempo legendario que coincide con el momento mismo del nacimiento de los valores que constituyen una cierta nacionalidad.
Las naciones modernas son el producto de un conjunto de transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales que se vivieron inicialmente en el continente europeo a través de la Edad Media y la época moderna; muchos de los datos centrales que caracterizan a estas transformaciones se encuentran en la épica medieval.
Por ejemplo, la delimitación territorial y la necesidad de recortar un conjunto específico de tradiciones lingüísticas, artísticas y culturales que posibiliten la creación de una identidad común (nacional) que reúna con lazos vigorosos a los habitantes de una determinada geografía.
En ese sentido, los héroes que la épica medieval enaltece –como puede verse de manera ejemplar en el caso del Cid para España– son verdaderos caballeros fundadores del espíritu nacional o padres de la patria, en el sentido que los “próceres” ocupan en el origen histórico de toda nación.



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Los Héroes como Arquetipos

Otro aspecto fundamental y característico del género épico tiene que ver con el personaje central en torno del cual se organiza la totalidad del mundo épico: el héroe.
Por lo general, se trata de un héroe único e impar, como Aquiles en la Ilíadao el Cid Campeador; en otros casos, ese héroe central casi comparte sus singulares virtudes con quienes lo rodean, tal es el caso de los Caballeros de la Mesa Redonda (o de la Tabla Redonda).
Los héroes son verdaderos arquetipos, es decir, guerreros que condensan una serie de virtudes en tan alto grado que se elevan por sobre el plano humano hasta convertirse casi en dioses.

No obstante su grandeza y monumentalidad, los personajes de la leyenda son simples en su definición y bastan unos pocos adjetivos para dar cuenta de su carácter más típico.
Se utiliza la palabra “epíteto” para describir esa cualidad única que define esencialmente al personaje a través de la fusión, en muchos casos, de atributos físicos y espirituales. Así, por ejemplo, en relación con la Ilíada:
“…la belleza de Helena, la astucia de Ulises, el noble coraje de Héctor, el talón vulnerable de Aquiles, la locura de Áyax son conceptos que ya se han vuelto proverbiales”, según Robert Graves, en “La guerra de Troya”, Barcelona, Muchnik, 1999.
El héroe por excelencia es el guerrero, de allí se comprende que los valores que lo definen más acabadamente son el valor y la lealtad hacia sus compañeros de armas. En la épica del medioevo, se debe sumar el respeto sagrado a la relación de vasallaje, o sea la obediencia sin excusa que se le debe al rey.
Las mujeres, esposas, amadas e hijas reproducen esa relación de respeto, amor y obediencia hacia el héroe masculino. Sin duda, se trata de un rol secundario, aun cuando puedan cumplir un papel importante para el desarrollo de las acciones, como es el caso de Ginebra, la esposa de Arturo, o la mujer y las hijas del Cid.
Llama la atención en este sentido el rol protagónico que cumple Krimilda en la segunda parte del Cantar de los Nibelungos.


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Acerca de Magos, Enanos y Caballeros

La épica constituye uno de los grandes géneros de la Antigüedad, junto a la lírica y al drama trágico. Su importancia se demuestra en la cantidad de siglos en que se mantuvo como muestra de una de las formas superiores de arte.
Si bien los grandes clásicos grecolatinos, la Ilíada y la Eneida, se mostraron siempre como los modelos por imitar, el género sufrió transformaciones de acuerdo con el paso del tiempo y con las particularidades de las diversas culturas europeas que reclamaron su herencia. Este fenómeno es bien visible en la Edad Media.
En el caso del Cantar de Mío Cid, es evidente que la tradición ibérica se muestra con un carácter más realista; los hechos de la vida de Rodrigo Ruiz de Vivar y de su familia se cuentan casi con los modos de la crónica histórica.

No sucede así con la Leyenda del Rey Arturo ni tampoco con el Cantar de los Nibelungos. Tanto en un caso como en el otro se acentúan los aspectos mágicos y maravillosos; allí está Merlín para demostrarlo, o Alberich, el rey enano, cuidador del oro nibelungo.
La épica del norte de Europa se muestra mucho más influenciada por los mitos y por las leyendas paganas anteriores al Cristianismo. Paradójicamente, ese elemento más antiguo volverá esta tradición una de las favoritas de los productos de la industria cultural y de los medios de comunicación de masas contemporáneos.
Con respecto al Cantar de Mio Cid, diremos que se trata del más antiguo cantar de gesta conservado y el primer gran testimonio de la literatura castellana.
Cabe mencionar que el cantar de gesta es la narración de hechos históricos, compuesto en versos de arte mayor de rima incompleta y asonante, agrupados en estrofas de longitud variable. Su función se equipara a la de los reportajes informativos actuales.
Es propio de la literatura románica medieval y tuvo su origen en Francia: la Chanson de Roland (Canción de Rolando) influyó de una manera decisiva en el desarrollo de las canciones de gesta españolas.
En un comienzo, estos cantares eran entonados y recitados por los juglares; a partir del siglo XII, empezaron a ser recogidos de manera escrita.
El Cantar de Mio Cid fue escrito por un poeta anónimo y se transmitió a través de un manuscrito compuesto hacia 1140 copiado por un amanuense llamado Per Abbat o Pedro Abad, hacia 1307. Consta de 3730 versos asonantados dispuestos en series variables, y en su estado actual, se encuentra dividido en tres partes: el Cantar del destierro, las Bodas de las hijas del Cid y la Afrenta de Corpes.
Narra con realismo y ajustada fidelidad a los hechos históricos la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, desde su exilio hasta el matrimonio de sus hijas, doña Elvira y doña Sol.

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El Cid Campeador Histórico

El Cid constituye el arquetipo del buen caballero y del buen padre: existe una armonía y continuidad entre la familia y la patria; y tal aspecto de la obra puede ser considerado como una metáfora.
El contexto de las hazañas del Cid es el de la reconquista de los territorios de la actual España de manos de los moros, que la ocuparon, en su mayor parte, durante siglos.
El “verdadero” Rodrigo Díaz de Vivar, llamado el Cid Campeador, fue un guerrero castellano que nació en Vivar, Burgos, cerca del año 1043, y murió en Valencia en 1099.
Muy joven entró en la corte de Fernando I, rey de Castilla y Aragón, y llegó a ser con posterioridad capitán (alférez) de la guardia real de Sancho II, que combatió contra sus hermanos García de Galicia y Alfonso VI de León. Participó también en el conocido cerco de Zamora, donde el monarca fue asesinado en circunstancias que los historiadores no han logrado aclarar.
Por eso, Rodrigo Díaz fue encargado de tomar el juramento de Alfonso VI de que no había matado a su hermano, como requisito para que lo sucediera en el trono.
Bajo las órdenes de Alfonso, Díaz de Vivar realizó diversas excursiones militares; en el cumplimiento de algunas de ellas, en particular contra los árabes en Toledo, el Cid y sus hombres pelearon bajo el mando del reyezuelo musulmán que ocupaba Zaragoza.
Después de la grave derrota sufrida en Sagradas, el rey debió levantarle el destierro al Cid. La reconciliación duró poco y, esta vez, el Cid decidió actuar por su cuenta y, luego de derrotar en el pinar de Tévar (1090) al conde barcelonés Berenguer Ramón II, se asentó con su ejército primero en Lérida y, más tarde, en Valencia.
El ejército almorávide (tribu sahariana que, desde el Magreb africano, extendió su dominio hacia el territorio español) deseaba aquella región; pero fue repetidas veces derrotado por el Cid, incluso cuando contaron con el apoyo de Pedro I de Aragón.
Finalmente, el Campeador casó a su hija Cristina con el infante Ramón de Navarra, y a su hija María con el conde de Barcelona Ramón Berenguer III.
El Cid murió en 1099, el mismo año que los cruzados tomaron Jerusalén. Durante los tres años siguientes, su esposa Jimena logró resistir el asedio de los almorávides.
Hacia el año 1102 el rey Alfonso fue en su ayuda pero, dada la situación, decidió evacuar la ciudad de Valencia: llevaba consigo los restos del Cid que recibieron sepultura en el monasterio de Cardeña (Burgos).
Entonces, Valencia fue el muro de contención frente a la embestida árabe que permitió que la región peninsular del Este resistiera fuera de su poderío. ¨

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La Gesta del Cid Campeador

La figura de Rodrigo Díaz de Vivar es materia de incesantes disputas en la historia de España. La opinión más difundida lo muestra como un héroe nacional: ésta es la que sostiene, por ejemplo, uno de los especialistas españoles más famosos y reconocidos, Ramón Menéndez Pidal.
Pero hay muchos otros historiadores que, con gran convicción y no pocos argumentos, lo consideran poco más que un bandolero que supo organizar tropa y reunir fortuna. Desde esta última perspectiva, el Cid como héroe nacional y encarnación del espíritu de España sería obra de la leyenda posterior, pero no del juicio histórico.
No es el Cantar del Mio Cid la única obra en que se celebran las hazañas del Campeador. En 1098, un monje de Ripoll escribió en versos sálicos latinos el Carmen Campidoctoris o Cantar del Campeador.

Pero, aparentemente, a partir del siglo XIV, la figura del Cid se vio envuelta por hazañas y romances novelescos que ya nada tenían que ver con su historia verdadera; sobre todo, debido a los juglares que cantaban tales historias y las embellecían a pedido del gusto de sus oyentes.
En 1579, el escritor español Juan de la Cueva (1534-1610) compuso La muerte del rey Don Sancho, que narra el cerco de Zamora, el mismo tema que Lope de Vega (1562-1635) recreó en la obra teatral Las almenas de Toro.
En 1618, el dramaturgo español Guillén de Castro (1569-1631) escribió las piezas teatrales Las mocedades del Cid y Las hazañas del Cid.
Durante el período del Romanticismo, la figura del Campeador también fue convocada por el dramaturgo ibérico Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880) en La jura de Santa Gadea, y también, por el dramaturgo José Zorrilla y Corral (1817-1893) en La leyenda del Cid.
A comienzos del siglo XX, otro destacado autor teatral español, Eduardo Marquina (1879-1946) compuso la pieza dramática Las hijas del Cid (1908).
Esta incompleta y muy breve enumeración ejemplifica la importancia que la figura del Cid Campeador ha tenido y tiene para la cultura de España


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