Terapia de conducta en niños
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Terapia de conducta en niños

Terapia de conducta en niños TERAPIA DE CONDUCTA INFANTIL. RASGOS DIFERENCIALES La terapia de conducta infantil (TCI) posee una serie de características diferenciales de la orientación general de la que parte. Se deriva del ámbito de estudio en el que nos vamos a desenvolver, el comportamiento infanto-juvenil y el contexto ...(continúa debajo en el tema)


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Antiguo 08-Aug-2008, 16:50   #1
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Predeterminado Terapia de conducta en niños

Terapia de conducta en niños





TERAPIA DE CONDUCTA INFANTIL. RASGOS DIFERENCIALES
La terapia de conducta infantil (TCI) posee una serie de características diferenciales de la orientación general de la que parte. Se deriva del ámbito de estudio en el que nos vamos a desenvolver, el comportamiento infanto-juvenil y el contexto social en el que el niño se desenvuelve
Conductas problema y Desarrollo
El terapeuta de conducta infantil (TCI) tiene que enfrentarse a la hora de decidir si una conducta tiene un carácter adaptativo o desadaptativo, a 2 cuestiones:
Valorar la conducta dentro del contexto del desarrollo
Ej. Una enuresis infantil no se puede empezar a tratar antes de los 4 años porque su SNC no está maduro todavía. Si el niño es menor no es una conducta problema.
b) Conocer el curso del desarrollo de los problemas infantiles
Ej. Si hay un retraso en lenguaje, pero tiene una buena comprensión, es una conducta normal que hace innecesario la intervención, porque el desarrollo hará que se instaure el lenguaje. Lo mismo ocurre con las rabietas a los 2-3 años: el curso del desarrollo hace que desaparezcan. La tartamudez es normal hasta los 4 años
Autonomía para desarrollar ayuda
Victoria del Barrio, 84 afirmaba: “Un niño no se interpreta a sí mismo como necesitado de ayuda. Son los adultos que le tienen a su cargo quienes forman ese juicio”.
La información mayor o menor, y la permisividad mayor o menor de los adultos que evalúan al niño son algunos de los criterios que intervienen en la calificación que estos hacen de la conducta de los niños.
Lo primero que tiene que decidir el TCI es si realmente el niño se puede ver beneficiado con el tratamiento o si va a dotar al niño de unas estrategias de control.
Son los adultos que les rodean los que inician una solicitud de tratamiento.
SCHWARZ (85) destaca las siguientes razones por las que los adultos deciden llevar a los niños a tratamiento:

Que la conducta del niño es molesta para las personas que interactúan con él (negativistas, hiperactividad, terrores nocturnos,...). Las conductas externalizadas (hiperactividad) generan un mayor número de consultas que los problemas internalizados (como la depresión). De ahí se deduce que uno de los primeros problemas a determinar en la clínica infantil es saber si el cambio de la conducta del niño beneficia al niño, o si el tratamiento que se solicita parte de la petición de unos padres rígidos que quieren incrementar el grado de control sobre la conducta del niño o del adolescente.
Estos problemas, junto con los del desarrollo son uno de los principales motivos por los que se consultan en clínica infantil, y prevalece sobre otros problemas internalizados como ansiedad y depresión
El comportamiento del niño suscita preocupación, porque los adultos advierten malestar o sufrimiento en el niño (fobia escolar), o lo anticipan en el futuro (aislamiento social, tartamudez). En estos casos se tarda mucho en acudir a consulta.
Con independencia del problema, los padres deben ser informados siempre de lo que le pasa al niño, y hasta donde sea posible, del por qué le pasa y que se puede hacer. El hecho de que unos padres soliciten ayuda a un profesional, pone de relieve:
o bien su falta de conocimiento
o bien su falta de recursos para afrontar el problema
Muchas veces sólo se requiere una intervención educativa, explicando la normalidad de la conducta y aconsejando sobre cual es la forma más razonable de comportarse ante ella.
Ej. Niños de 2 años que se tocan los genitales. Es normal que exploren su cuerpo como exploran otras cosas. En las rabietas, igual que han venido desaparecerán.
Hasta los 7-8 años, salvo excepciones, la intervención en niño se centra fundamentalmente en producir cambios en el comportamiento de los adultos que mantienen una estrecha relación con el niño. A partir de esta edad, las intervenciones se van desplazando cada vez más al niño y a partir de los 12 años aproximadamente las intervenciones ya pueden ser muy similares a las de los adultos.
El estado psicológico de un adulto y la concepción que tenga del problema influye tanto en la decisión de solicitar ayuda como en su flexibilidad y habilidades para tratar el problema del niño y colaborar en el programa de intervención.
Ej. En la enuresis, si un padre ha tenido enuresis y la corrigió con el tiempo, será más tolerante con el problema de su hijo.
En cuanto al estado psicológico de los padres puede ocurrir que la madre tenga una depresión que pueda estar entreteniendo o produciendo el problema de conducta en el niño.
En este sentido, PATTERSON pone de relieve que muchos padres definen como conducta problema los intentos propios del niño de ser independiente (esto es más corriente en los adolescentes). Los padres definen como problema, conductas evolutivas.
Desarrollo infantil y necesidad de tratamiento
La edad y desarrollo evolutivo de un niño es un aspecto que el clínico infantil debe tener siempre presente, tanto a la hora de evaluar como a la hora del tratamiento. Por eso es necesario que conozca las pautas normativas del desarrollo del niño en cada una de las edades.
La edad y el nivel de desarrollo del niño van a hacer variar su nivel de comprensión del problema por el que acuden a consulta y también su capacidad para comunicarnos lo que le pasa al niño.
Todo esto hace que sea totalmente inadecuado aplicar automáticamente procedimientos que han sido diseñados para los adultos.
El conocimiento de los patrones de desarrollo apropiado permitirá establecer un juicio sobre el pronóstico.
Ej. Conductas oposicionistas y negativistas. Si están afianzadas, cuanto antes se corrijan mejor. Es más grave un trastorno orno de conducta cuanto más pronto aparezca. De ahí la necesidad de intervenir cuanto antes.
Esto supone que ante un problema de conducta por el que consultan unos padres, dado el nivel de desarrollo del niño no tenga por qué ser considerado como patológico. Se asesorará a la familia sobre normas de actuación para que las conductas no se mantengan.

Existe poca continuidad entre la psicopatología infantil y la del adulto. Gran parte de la patología infantil va a desaparecer con el simple paso del tiempo, incluso sin tratamiento. Ej. en la mili no hay casos de enuresis, o muy pocos
Si bien los trastornos comportamentales, como déficit de atención con hiperactividad, se mantienen en la edad adulta y por eso van a requerir atención inmediata.
También los trastornos generalizados del desarrollo, como el autismo y retraso mental son crónicos. A pesar de que parece obvio el hecho de que una conducta normal o anormal deba valorarse en un contexto de desarrollo, sólo a partir de los años 60, tanto psicólogos como psiquiatras han empezado a tenerlos en consideración.

Enfasis en la conducta manifiesta
De todo lo anteriormente expuesto se deduce que el papel prioritario en TCI se ponga en la conducta manifiesta, tanto en la evaluación como en el tratamiento.
Por eso las técnicas más utilizadas serán las del Condicionamiento Operante
El uso de estrategias cognitivas está reservado para niños de más de 10 – 11 años, y además, su éxito dependerá de la capacidad intelectual del niño.
Por eso el trabajo más común en clínica infantil se llevará a cabo proporcionando instrucciones detalladas a los responsables del cuidado del niño
Colaboración de Paraprofesionales
La necesidad de colaboración adulta es especialmente importante dadas las limitaciones que el desarrollo impone al niño en el control interno de sus acciones (los niños son totalmente situacionales y eso les impide interiorizar el trabajo hecho con él en consulta y por tanto no generaliza).
KAZDIN (85) señala las siguientes razones que justifican el uso de adultos como paraprofesionales:
Los problemas infantiles se asocian a situaciones especificas y concretas, por lo que lo más realista será modificarlas en el contexto en el que aparecen. Ej. Niño con mutismo que no habla en el colegio pero sí en casa con los padres. Niña con miedo a estar sola en casa pero que en el cole no tiene ningún problema. Niños con compulsiones de orden en casa y en el cole no las tienen.
El tratamiento será más efectivo en el contexto natural del niño en el que padres y educadores tienen acceso inmediato y directo a las conductas problema y controlan los reforzadores más potentes para el niño  el afecto y la atención dispensada. Sin el afecto, ningún niño se desarrolla con normalidad. Otros reforzadores materiales se extinguen fácilmente.
Los niños viven el aquí y el ahora. Las posibilidades de controlar su conducta fuera del entorno en el que ésta se produce son bastante difíciles, porque sólo a medida que avanza el desarrollo, los niños desarrollan el autocontrol sobre ella.
Los padres o profesores siempre contribuyen en alguna medida al desarrollo y mantenimiento de una conducta, si bien no tienen porque ser ellos los causantes de la misma.


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HABILIDADES BASICAS DEL TERAPEUTA INFANTIL
Las 2 cuestiones básicas en torno a las que giran las actuaciones del TCI son:
Lograr la mayor adaptación y autonomía del niño en su entorno
Respeto a los derechos del niño
Estas dos cosas requieren:
Conocer el desarrollo infanto-juvenil para poder discriminar la gravedad de un problema y establecer objetivos terapéuticos. Muchas de las consultas en clínica infantil se derivan de la falta de ajuste del niño al patrón de desarrollo esperado para su edad.
El TCI debe conocer los trastornos psicológicos que afectan a los adultos por la incidencia que éstos pueden tener sobre la conducta del niño.
Ej. Una madre deprimida que exige un estricto cumplimiento de normas al niño. Si esto es así hay que hacer ver a los padres la relación entre sus propios trastornos y la incidencia en los niños, para derivarlos a un tratamiento especializado.
Si los padres van a trabajar como coterapeutas habrá que saber reconocer su patología para decidir si puede invalidar la posibilidad de que sobre ellos recaiga el peso del tratamiento al niño.
El objetivo será siempre mejorar la situación del niño, lo que supone respetar una serie de derechos del niño que son señalados por GELFAND y HARTMAN:
Derecho a ser informado, a que se le diga siempre la verdad ajustándose al nivel de desarrollo de lenguaje del niño.
Derecho a ser tomado en serio, nunca hay que ridiculizar un problema que plantee un niño, aunque los padres no lo consideren como tal.
Derecho a la confidencialidad. Hay que saber respetar sus confidencias. Hay que respetar la privacidad del niño para que los padres no reaccionen ante ello. Hay que advertir a los padres que las cosas que nos cuenten (los adolescentes sobre todo) no se las transmitiremos a ellos.
Derecho a participar en la toma de decisiones que le van a afectar directamente. Si el niño no es participe se puede sentir como una marioneta y negarse a participar en las decisiones.
Nunca dotar a los padres de estrategias para controlarlos mejor

Última edición por Psico; 08-Aug-2008 a las 16:55
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