Psicología Clínica
"…cada uno posee en su propio inconsciente un instrumento con el cual puede interpretar las expresiones del inconsciente en los demás." Sigmund Freud, 1913 (5)
Para comenzar, quiero recordar que tanto la transferencia como la contratransferencia son transferencias; si bien se espera y estimula al paciente para que la viva y entienda, en tanto que el psicólogo (psicólogo clínico) debe manejar profesionalmente la suya. Vamos a estar hablando, pues, alternadamente, de una u otra forma de transferencia.
Los conceptos que aquí recopilo sólo representan parte de la información más conocida, fidedigna, disponible y actualizada consultada y son propiedad intelectual de sus autores, por lo que las fuentes originales podrán ser obtenidas a través de las referencias que aparecen al final.
Opté por eliminar los ejemplos clínicos que cité en la conferencia, por considerar que su utilidad didáctica no tiene mayor cabida en este artículo.
Este trabajo se enfoca predominantemente desde el punto de vista psicoanalítico -psicoanalítico freudiano y de las relaciones objetales-, pero respeta los puntos de vista de otras escuelas serias sobre el tema, como el punto de vista de la teoría del campo, de la psicología experimental y del psicoanálisis interpersonalista, cuyos puntos de vista revisaremos brevemente.
Psicología Experimental
El término transferencia no pertenece exclusivamente al vocabulario psicoanalítico. En efecto, posee un sentido muy general, parecido al de transporte, pero que implica un desplazamiento de valores, de derechos, de entidades, más que un desplazamiento material de objetos. En Psicología se utiliza en varias acepciones: transferencia sensorial, transferencia de sentimientos y, sobre todo, en la Psicología Experimental moderna, transferencia de aprendizaje y de hábitos (los progresos obtenidos en el aprendizaje de una determinada forma de actividad implican una mejora en el ejercicio de una actividad distinta). Esta transferencia de aprendizaje se denomina, en ocasiones, positiva y se contrapone a una transferencia llamada negativa, que designa la interferencia negativa de un primer aprendizaje sobre un segundo aprendizaje. (7)
Teoría del Campo
(especialmente aplicada a la contratransferencia al trabajar con niños)
Los fenómenos de la transferencia y contratransferencia, que se miran como característicos en el trabajo analítico con adultos, realmente no han sido aceptables en el trabajo con los niños, lo cual ha sido una falta importante.
La transferencia se ha reconocido siempre como el medio con el cual debe trabajar el analista. Con la experiencia de la transferencia, el analista puede ayudar al paciente a reconocer las defensas que tuvieron sentido en el pasado, pero ya no y puede ayudar al paciente a enterarse de sus tentativas de recrear situaciones traumáticas en nuevas relaciones. La teoría del campo agrega poco a la comprensión de la transferencia; sin embargo, lanza una nueva luz sobre el concepto de contratransferencia.
La teoría del campo considera que hay simplemente una situación humana en la cual ambos participantes tienen la misma implicación con sus pasados en sus respuestas. El analista puede distinguir mejor el pasado en la implicación actual y no reacciona paratáxicamente ni está dispuesto a abrirse a las suspicacias del paciente de que él no está implicado realistamente en la tarea, es decir, está dispuesto a involucrarse en su autoanálisis. La aparición de la contratransferencia se convierte así, no en un incidente que se ocultará, sino en algo que se puede tratar abiertamente, una avenida para la investigación de la interacción mutua.
El analista crea experiencias internas en el paciente ofreciéndose como polo de tensión en la relación, ofreciendo su estar consciente e inconsciente para la interacción. El analista no necesita comunicar su conocimiento de su campo interno al paciente. Pero, él es libre de utilizar su insight para reestablecer la comunicación en los puntos de resistencia o cuando él sienta que no comprende al paciente. Si el paciente detecta la aceptación detrás de las reacciones espontáneas del analista, hay poco peligro de que esta espontaneidad interfiera con el trabajo analítico.
La teoría del campo permite reconsiderar ciertos problemas que han preocupado por largo tiempo a los terapeutas infantiles. ¿Por qué la transferencia, que es un proceso universal tan reconocido en el análisis del adulto, no se supone que ocurra con los niños? Si la transferencia es un fenómeno humano común, ¿no debe aplicarse a la relación del terapeuta-niño? Estas preguntas reflejan la larga controversia de la oposición de los puntos de vista de Ana Freud y Melanie Klein. Ana Freud piensa que el analista debe establecerse en el papel de la madre buena antes de que ella pueda interpretar. Ella siente, por otra parte, que no hay neurosis de transferencia posible, ya que el niño vive muy cerca de las figuras transferenciables. Melanie Klein, por otra parte, interpreta inmediatamente lo que ella ve como el odio inconsciente del niño hacia el padre malo.
Los terapeutas infantiles en Estados Unidos han empleado las técnicas de la terapia de juego de Klein, pero no han utilizado sus conceptos de transferencia y contratransferencia, de tal modo que han hecho sus tratamientos no-analíticos, confiando en la relación y la aceptación para ayudar al niño. La interpretación se ha evitado generalmente por considerarse demasiado intelectual. Mientras que no hay ninguna duda del gran valor de este método en el trabajo con los niños con perturbaciones leves, la claridad sobre asuntos de transferencia y contratransferencia es de importancia decisiva en el trabajo con niños neuróticos. Se hace uso de estos fenómenos revelando e interpretando, no el comportamiento del niño, sino la reacción del terapeuta a éste. De esta manera, el niño se entera de sus sensaciones y de las reacciones que sus conductas defensivas despiertan en el adulto.
Se conviene generalmente en que la terapia de juego presenta gran dificultad en la superación de las resistencias de los niños en la etapa de latencia, a las tentativas exploratorias de padres y
adultos sustitutos. Los niños de esta edad deben hacer frente a sus impulsos abrumadores frustrando las tentativas de los terapeutas para que se relajen. El niño no desea la autoexploración por miedo de deshacer los controles yoicos tentativos que él ha logrado sólo recientemente.





