Sentí sinceridad en sus palabras, y reflexioné en todas las personas que he conocido en la vida. En realidad ninguna se ha jactado nunca de ser mala, muy por el contrario todas han manifestado tener una disposición a hacer el bien, de manera amable, generosa y firme. Así que si de experiencias bondadosas se trata, nos cuentan de su gran respeto por sus semejantes, y cuanto se preocupan por su bienestar. Refuerzan sus palabras, con historias acerca de familiares, amigos o desconocidos, e incluso animales que en algún momento no estaban en buena situación y necesitaban ayuda, y como ellos bondadosamente no dudaron en ofrecérsela, sin ofender, amorosamente y poniendo un gran interés en ello.
Este pensamiento me llevó a considerara la experiencia de Jesucristo, aquella vez que un hombre se le acercó y le llamó maestro bueno…y Jesucristo le manifestó: “¿Porque me llamas bueno? No hay nadie que sea bueno, sino sólo Dios” (Lucas 18:18-19). Interesantes y valederas palabras del Señor, porque el manual de vida (La Biblia) nos enseña que: “Todos nosotros estamos llenos de impureza, todos nuestros actos de justicia son como un trapo lleno de inmundicia. Todos nosotros somos como hojas caídas, ¡Nuestras maldades nos arrastran como el viento!" (Isaías 64:6).
Mis reflexiones me llevaron a compartir con este recién conocido, una revelación que ha sido para mi un faro de luz en medio de mi caminar en esta mi morada temporal terrenal, que el andar cristiano no se trata de esforzarnos en ser buenos, que por mucho que nos esforcemos no podremos nuca agradar a Dios, y que con nuestro esfuerzo sólo lograremos cansarnos y concluir que es imposible vivir de acuerdo a los elevados principios de Dios.
Se sorprendió y me preguntó: “¿Entonces que debo hacer?” Le respondí con las palabras que he aprendido de Jesucristo: “Yo soy la vid y ustedes los pámpanos, el que permanece en mí, y Yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de Mí, ustedes nada pueden hacer”.
Con estas palabras, Jesucristo nos enseña el camino a la Bondad: una relación personal con Dios, a través de la oración y el estudio de la palabra, que nos mantenga unidos a Él, tal como Él mismo lo hizo, mientras camino en esta tierra, para mantenerse unido a Dios.
Sólo una relación personal con Dios, a través de su hijo Jesucristo, puede romper las cadenas del egoísmo, la mezquindad y la ausencia de grandeza humana; así como la incapacidad de sentir compasión y ver a los demás como rivales ó enemigos en potencia, a los que sería una imprudencia ayudar, y de los que hay que cuidarse en extremo; o esa falsa seguridad en cultivar la desconfianza, el rencor y el odio, que la simpatía ó la amistad, y preferir anular ó destruir a los semejantes, que conocerlos ó dialogar con ellos, a menos que se pueda sacar algo para propio provecho.
Así es amigos y amigas, la falta de bondad nos deshumaniza y nos convierte en personas indeseables e insensibles, con las que la vida en comunidad se torna difícil e incluso peligrosa.
Ser bueno no quiere decir blando, sumiso, ingenuo ó sin carácter, como a veces se cree. Al contrario, los cristianos se distinguen por su fuerte personalidad, la cual se traduce en inagotables dosis de energía y fe, que se refleja en su cálida sonrisa, sentimientos de confianza, cariño y respeto que infunden a su alrededor.
Por ello, tal como le dije al reciente amigo, hoy te lo manifiesto a tí, no lo postergues mas y rinde tu corazón a Jesucristo.
Con cariño.
Andrés.





